El regalo

Ignacio se levantó sigilosamente de la cama, tomó a René entre sus manos y, luego de calzarse los pies en unas pantuflas con orejas y trompas de elefante, salió silenciosamente de su habitación. Sus padres todavía no se había levantado, aún faltaba tiempo para ir a la escuela, pero tenía que hablar con Matías, necesitaba saber que podía contar con él.

Cruzó el pasillo que separaba sus habitaciones, arrastrando los pies con cuidado. Papá y mamá no podían enterarse de sus planes. Entrar a la pieza de su hermano mayor no fue ningún problema. Matías, adolescente de 17 años, tenía la costumbre de dormir con la puerta abierta, los recuerdos de las noches de cuco eran más poderosos que la rebeldía adolescente.

Ignacio acercó hasta el borde de la cama, abrazó a René con el brazo izquierdo y con el derecho sacudió ligeramente la cabeza de su hermano.

- Mati despertate – dijo, despacio pero impostando la voz.

- …

- ¡Mati! ¡Mati! ¡Despertate! Te necesito – insistió.

Tanta palabra al oído y sacudida, al final surtieron efecto. Matías se despertó, vio a su hermanito parado al lado de suyo con los brazos extendidos hacia él, como ofreciéndole algo, y con esa carita de inocencia que lo caracterizaba desde que era un bebé.

- Nachito… ¿Qué haces, loco? – dijo sonriente. Adoraba a su hermano pequeño.

- Mati, me tenes que ayudar, necesito que mates a René – Ignacio extendió completamente los brazos hacia su hermano mayor.

- ¿Qué? ¿Matar a René? ¿Y por qué? ¿Te hizo algo?

-  No Mati, es un chanchito del ahorro, no me puede hacer nada. ¡Necesito la plata que tiene adentro! – Exclamó casi sin paciencia.

Matías se echó a reír con todas sus fuerzas, pero las manitos de Ignacio evitaron que el escándalo sea mayor.

- ¿Y por qué no sacas vos la platita que tiene adentro? Ya tenes 7 años, sos grande. Agarras un martillo, le das unos golpes y le sacas la platita de adentro. Hacelo en el pasto del patio de atrás, ahí nadie te va a escuchar.

-  René es mi amigo Mati… Vos sabes que está conmigo desde hace mucho, cuando papá me lo trajo del banco. Le di de comer mi mesada todo este año y ahora necesito la platita que tiene en su panza, pero no puedo romperlo yo. Lo tenes que hacer vos, sos mi hermano mayor.

Matías prometió ayudar a su hermanito a cambio de que le cuente a qué venía tanta prisa para disponer de sus ahorros.

- Es que mañana es el cumpleaños de una compañera, se llama Belén, y le quiero hacer un lindo regalo. Mati, vos también tenes que ayudarme a elegir el regalo. Vos sos grande y tenes novia, vos sabes qué se les regala a las mujeres. Yo a Augusto le compré un muñeco, porque a todos los varones nos gustan los muñecos, pero a ella no se que comprarle.

-   Ah, ahora entiendo. Tanto escándalo es por una chica. Era de esperarse. A ver, contame. ¿Qué la hace tan especial que se merezca que rompamos a René?

- Es la única nena con la que hablo en los recreos. Una vez encontramos una paloma muerta y no se asustó. Ella trae cosas dulces en su merendero y siempre me invita. A veces siento que me está mirando mucho tiempo, pero seguro es por la cicatriz de mi frente de cuando me caí de la bici. Una vez a la salida del cole su mamá tardó en buscarle y me quedé con ella para que deje de llorar. Ella es buena conmigo y creo que se merece un regalo.

Matías sólo sonreía mientras escuchaba hablar a su hermanito.

- Esta compañerita Belén te debe de gustar mucho.

-  ¿Gustarme?

- Nada enano, ya me vas a entender dentro de poco.

- ¿Y? ¿Me vas a ayudar o no?

- Claro, dame a René. Esperame en tu habitación, ya vuelvo.

Cuando volvió traía en las manos unos billetes y unas cuantas monedas. Se las entregó en las manos a Ignacio y le dijo que a la siesta, al volver del cole, irían juntos a comprar algo para Belén.

- Gracias Mati, sos mi hermano preferido – Ignacio no podía dejar de pensar en un despedazado René.

- Soy tu único hermano enano manipulador, choca los cinco y anda a dormir antes de que mamá se despierte. Ah, una cosa más enano, sea lo que sea que compremos de regalo para Belén, agrégale una flor, estamos en primavera, hay flores por todos lados, y a las chicas les encantan las flores.

- ¿Una flor?

- Sí Nacho. A la tarde, cuando Doña Mercedes vaya a la iglesia, cruza el patio y arranca una rosa roja de su rosal del fondo. Cuidado con las espinas del tallo. Entrégale a Belén el regalito más la rosa y vas a quedar como un rey.

- Ok Mati, si vos decís… Hasta más tarde.

A la tarde los hermanos fueron a comprar el regalo para Belén y Matías, desde la ventana, controló a su hermano menor arrancando torpemente una rosa del jardín de Doña Mercedes. Al día siguiente, a la salida del colegio, Ignacio recibiría su primer beso, uno que nunca olvidaría, mientras René descansaba tranquilamente dentro de una caja de zapatos en el ropero de Matías.

Publicado en  on Dom 29 Nov 2009 at 10:05 pm Comentarios (2)
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Te veo

Te veo
Se que estás ahí
Esperando, arrodillado
en la oscuridad
Quiere salir
Pero no te dejo
Porque soy fuerte
Pero no soy fuerte por serlo
Sino porque debo
Para que tu no puedas salir
Por las noches te siento
Me pegas, gritas y arañas
Necesitas salir
Pero no saldrás
Mi coraza es dura
Chocas con ella, te golpeas
y magullas
Pero también eres fuerte
Y por ratos, a veces
Consigues escaparte a través
De mis ojos
Una noche, el viento y la luna
Te ayudan a escapar
Y te dejo salir a ver
Pero me lastimas
Adentro y afuera
Necesitar salir, me dices,
Pero tengo miedo
De tu fuerza
De tu dolor
De mi dolor
Te veo, todos los días
Arrodillado en mi interior
Esperando
Pero soy fuerte
No debes salir
¿Saldrás?

Publicado en  on Mar 19 May 2009 at 9:53 pm Comentarios (1)
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Encuentro

Un encuentro

Entre lo inesperado y lo improvisto

Sin embargo, ansiado,

como pieles en invierno.

Entre copas y sonrisas paseamos

La sabiduría de los chinos, Cortázar,

Saramago y Hobbes

todos ellos iluminados en tu boca

con ese aire particular para expresar

que me impregna, me lleva y me destroza.

Entregados al azar nos desnudamos

asexuados, amándonos como nadie puede

La eterna libertad seccionada por

barreras que decidimos respetar

Perdiéndonos en viejas instantáneas

nos dejamos sentir, a lo lejos.

Bailes sin orquesta y una despedida

Un beso en la frente y un adiós

Un hasta pronto tal vez

Ojalá.

Publicado en  on Mie 6 May 2009 at 2:32 am Dejar un comentario

El Proyecto Avalon

I

Las heladas manos de Thomas Avalon parecían no responderle cuando intentaba hacer coincidir la llave con la cerradura de la puerta del edificio de departamentos en donde vivía, el frío clima de Londres lo había castigado en todo el camino desde la oficina hasta la puerta en donde ahora se encontraba luchando con aquel antiguo mecanismo que le permitiría refugio y talvez un poco de calor. Frustrado, desistió de su lucha por un momento y guardó las llaves en el bolsillo derecho de su sobretodo para dar calor a sus manos colocándolas juntas y soplando un poco de aliento caliente dentro de ellas ayudándose con un movimiento vigoroso de los dedos. Thomas había decido ir a trabajar caminando los casi dos kilómetros y medio que separaban su casa del complejo tecnológico en donde trabajaba, usualmente hacia ese recorrido en bicicleta pero esa mañana se sintió con ganas de caminar. Parado frente a su puerta, luchando contra el viento cargado de hojas que estaba empeñado en ensuciarlo, se arrepintió de su decisión.

Una vez que logró abrir la antigua cerradura el lobby del viejo edificio de departamentos le entregó un poco del calor que estuvo buscando durante toda su caminata. Thomas vivía en el tercer piso de aquel edificio de cinco pisos construido en mil novecientos treinta, había heredado el piso cuando su abuela materna falleció. El edificio era de una fachada simple de piedra gris pulida, la puerta de acceso al lobby era de roble pesado con detalles de cobre que parecían haber sido colocados décadas después, el piso del lobby era de baldosas blancas y negras que daban al suelo un estilo ajedrezado. La escalera que conducía a las plantas superiores estaba colocada a la derecha de un escritorio que tiempo atrás habría sido utilizado por el conserje de turno pero que ahora nada más servia para juntar correo y guardar abrigos. El edificio no contaba con un ascensor actualmente, el mismo había sido eliminado por seguridad durante los bombardeos de las fuerzas aéreas nazis a Londres en la Batalla de Inglaterra en la década del cuarenta y nunca fue repuesto.

Una vez que llegó al piso que ocupaba su apartamento su temperatura corporal ya se había restablecido y lo que ahora le faltaba era aire, la forma física de Thomas no era la ideal, aun cuando su contextura era delgada. Colgó su sobretodo del gancho ubicado en la parte posterior de la puerta y dejó su mochila en la mesa de la gran sala que recibía a quienes cruzaban el pasillo posterior al acceso. El apartamento había sido habitado por la sus abuelos maternos y su madre se había criado en ese mismo lugar. Thomas tenía aún los recuerdos de estar sentado en el regazo de su abuelo hojeando libros y escuchado sus historias sobre la WWII, muchas veces no podía evitar imaginarlo sentado a la mesa cuando ingresaba para poder compartir con el una noche de charla de adultos. Muchas veces sintió la necesidad de mudarse a un apartamento mas pequeño, este era demasiado grande y el estaba demasiado solo, pero con los precios de los pisos por las nubes eso era un sueño realmente imposible para él.

Thomas Avalon tenia 27 años, se había mudado de la casa de sus padres, en las afueras de Londres, a los 16 años para ir a trabajar a la capital. De niño Thomas fue un alumno ejemplar, un niño prodigio dirían algunos, su habilidad para comprender cuestiones abstractas dejaba pasmados a sus maestros y tutores. A los 13 años había concluido exitosamente la educación secundaria y consiguió una beca por aptitud en la prestigiosa University of London donde fue uno de los alumnos más jóvenes en conseguir un titulo en Literatura Inglesa y Artes. Sus padres esperaban que fuera Ingeniero Civil o Profesor de Física o Química debido a su facilidad para la comprensión  de abstractos pero Thomas siempre quiso ser escritor. Gracias a la frondosa biblioteca que su abuelo, se pasaba los fines de semana encerrado leyendo libros clásicos y novelas de ciencia ficción, sus preferidas. Tenía una extraña fascinación por el mundo presentado por los genios de Philip K. Dick e Isaac Asimov. Había en sus mundos un tipo de tranquilidad que precedía de la aceptación de lo inmutable, de la contemplación de lo efímero y de la necesidad que tiene el ser humano de explorar sus límites y los de su entorno que lo hacía sentir cómodo y sumergido cuando los leía. Thomas tenía la piel blanca como la leche y los hombros y la nariz cubiertos de pequeñas pecas rojizas que eran imperceptibles a la distancia pero que se hacían visibles a medida que uno se acercaba a el. Su rostro era angosto y su nariz orgullosamente respingada, sus ojos marrones como pequeñas esferas blancas con un centro de nogal pulido bajo unas cejas finas y rectas. No era una belleza típica pero las mujeres parecían quedar prendidas a la energía que desprendían esos ojos como puñales. Hacía años que Thomas no tenía una relación seria, sus últimos intentos habían terminado siendo sendos fracasos ya sea por falta de tiempo o de ganas, a veces un poco de ambas cosas, por lo que Thomas decidió simplemente concentrarse en su trabajo.

II

A dos mil trescientos metros de su hogar se erguía imponente el Next Horizont Technology Center o como a Thomas le gustaba llamarlo “El Cubo”. El Cubo era una construcción de casi dos mil metros cuadrados en un campo cinco veces mayor que tenia una forma cúbica perfecta. Solo rompían la monotonía de sus formas las ventanas colocadas en siete líneas horizontales que correspondían a los siete pisos superiores de la estructura, además contaba con tres niveles subterráneos. El NHTC era una institución gubernamental que se dedicaba originalmente a la exploración científica para el desarrollo de tecnologías de información y comunicaciones. Durante la última década y debido a un mal manejo de parte del Estado ha recibido inversiones privadas que han sacado al Gobierno el problema que era para los contribuyentes mantener al “Cubo” y con ello vino un cambio en las actividades investigativas que se realizaban allí dentro. El desarrollo de tecnología de comunicación quedó en un segundo plano y ahora el 75% de los recursos era destinado a proyectos catalogados como clasificados y en los cuales el Gobierno ya no podía tener control alguno. Thomas Avalon era el encargado de manejar los fondos que El Cubo destinaba a la Cultura y Arte, que era la manera que tenia el NHTC de mostrar una cara amable y generosa a la población que poco y nada sabía de lo que ocurría dentro de sus recintos y que desde la privatización miró con recelo al imponente cubo blanco. Los generosos fondos que Thomas debía repartir entre las instituciones seleccionadas hacían que las miradas de desconfianza del común se transformen al ver que gracias al Cubo habían nuevos museos, escuelas talleres, parques de exposiciones abiertos las 24 horas del día y muchos chicos sin oportunidades estaban hoy en proyectos culturales y artísticos que de alguna manera llenaban el vacío que el Estado dejaba en este aspecto.

Thomas nunca se preguntó exactamente que pasaba fuera del ala administrativa donde estaba ubicada su oficina y la de los demás empleados que no usaban las batas blancas reservadas para los científicos. Su credencial de acceso digital y la huella de su iris no tenían los permisos necesarios para cruzar fuera de esa ala, aunque al verdad es que Thomas nunca se interesó mucho en lo que había detrás de aquellas puertas custodiadas por una tecnología de seguridad prácticamente inviolable, estaba demasiado ocupado realizando auditorias de los fondos e investigando a las instituciones que los solicitaban pero había oído comentarios en los pasillos por parte de científicos jóvenes de que el proyecto mas grande en fondos y en cantidad de científicos que se estaba realizando dentro del Cubo actualmente era uno relacionado con la realidad virtual expandida y mejorada, un proyecto que pretendía emular en la mente del sujeto un escenario idéntico al de la realidad de la persona pero dentro de la mente con una posibilidad de control total de las acciones y decisiones personales. Como una especie de mundo virtual paralelo dentro de la mente de la persona pero que se sintiera y viera real, que cada toque realizado entre los seres virtuales produzca una sensación en el cuerpo que emulara un toque real, cada imagen sería exactamente igual que la realidad pero el sujeto nunca estaría realmente allí. Se supone que esta tecnología estaba siendo desarrollada con fines comerciales como ser viajes a cualquier lugar del mundo sin dejar la comodidad del sofá de la casa, todo esto conectado al equipo de realidad virtual, también habían comentarios de aplicaciones médicas revolucionarias para esta nueva tecnología. Thomas seguía pensando que la realidad “real” era mucho mejor que la virtual, no nacimos para experimentar sensaciones generadas por un ordenador se quejaba, sino para sentir en la piel las sensaciones que este mundo tiene para entregarnos. Había aspectos del desarrollo tecnológico de las culturas avanzadas que simplemente no podía entender.

III

Las manos de Thomas, ya calientes, sostenían una taza de té mientras ordenaba sus ideas para comenzar a trabajar en casa. Preparó el escritorio con todo lo que necesitaría para trabajar esa noche y se dio prisa a comenzar ya que la el frío estaba decidido a ingresar en su hogar a cualquier precio y la calidez de sus cobijas se mostraba altamente irresistible en ese momento. Desde joven Thomas cultivó el habito de ser extremadamente ordenado a la hora de trabajar, siempre tenía todo lo que necesitaba al alcance de la mano, el tiempo que se pierde buscando, revolviendo, moviendo en búsqueda de algo que podría haber estado al alcance de las manos de ser precavidos lo sacaba de quicio. La noche transcurría normalmente, Thomas estaba absorto en sus pensamientos evaluando cada solicitud de fondos y ni siquiera oía la voz de Ella Fitzgerald que de fondo intentaba, en vano, hacer esa noche un poco más agradable.

Sin mirar siquiera Thomas extendió el brazo buscando la taza de té y al encontrarse con ella sintió que estaba vacía por lo que se dirigió a la cocina a servirse un poco más. En el trayecto decidió que un café sería lo mejor. El trabajo seguía acumulado y la noche no se hacía más larga así que debía mantenerse alerta y despierto. Caminó de vuelta a la mesa de trabajo dando un largo sorbo al recipiente lleno de café hasta el borde tratando de evitar, cual equilibrista casero, que el líquido se derrame sobre la alfombra o su persona. Al llegar al escritorio vio algo que lo dejó completamente tieso, helado, como una estatua de cera. La mesa donde hasta hacía segundos estaba ubicada su computadora portátil, donde reposaban una pila inmensa de papeles y carpetas estaba completamente vacía. Lo que dejó helado a Thomas no fue lo que vio sino lo que dejó de ver, todas sus pertenencias personales había desaparecido, todo lo que estaba en la mesa, hasta el posavasos para la taza había desaparecido, como si un ladrón hubiera detenido el tiempo y en cuestión de segundos se haya desvalijado todo lo que había sobre aquel mueble. Thomas, siempre tan pegado a su razón, comenzó inmediatamente a escudriñar su mente buscando alguna posible respuesta a lo que estaba ocurriendo. Apoyo, temerosamente, la taza en la mesa que ahora se  mostraba espléndida en su desnudez de objetos y comenzó a girar sobre su eje buscando algún tipo de respuesta. No sabía exactamente que estaba buscando, si alguna persona que había ingresado sigilosamente, si algún resto o evidencia de lo que pudo haber ocurrido. No tenía idea de nada. Empezó a caminar erráticamente por todo el departamento mientras en su mente las más ridículas explicaciones tomaban cierta forma, la mente muchas veces nos quiere obligar a dar un final a lo que no entendemos, aunque este final carezca por completo de lógica. Sintió, repentinamente, una brisa helada que lo sacó de su asombro y recobró el completo uso de sus facultades mentales. – ¿Qué está ocurriendo? – se preguntó en voz alta mientras la posibilidad de que un ladrón haya ingresado se hacía cada vez más fuerte, era la única explicación lógica para la desaparición de sus cosas. Sus pasos se hicieron cada vez mas fuertes y cuando se dio cuenta se encontraba corriendo por todas las estancias del lugar buscando a quien, seguramente, todavía se encontraba escondido con todas sus pertenencias. Paró de pronto. ¿Quién querría robar papeles? Se preguntó extrañado. Su computadora portátil era de última tecnología por lo que se podría conseguir muy buen dinero por ella en el mercado negro pero ¿para que llevarían toda una pila inmensa de papeles y carpetas que no tienen valor comercial alguno? Esto se está poniendo muy raro se dijo a si mismo. Lo primero que pensó fue que esto se trataba de un caso de espionaje industrial y que lo habían confundido a el con algún científico de relevancia. Si, era eso, era evidente, por ello se llevaron los papeles también. Un dolor de cabeza empezó a hacer de las suyas en las sienes de Thomas por lo que decidió ir a recostarse un rato, recomponer sus ideas para luego llamar a la policía a denunciar el robo. Con las manos entrelazadas detrás de la nuca, como si se tratase de un prisionero, caminó hasta su habitación con la intención de recostarse en la cama y pensar calmadamente pero lo que encontraría allí dentro lo iba a dejar muy, muy asustado.

IV

David Ferry era lo que se podía considerar un genio, pero antes fue un niño genio. David nació en Londres un verano hace veintiún años en el seno de una familia acomodada de clase media-alta. Su padre era músico y autor y su madre, de origen hindú, era profesora de arte contemporáneo en la universidad. David empezó a mostrar rasgos distintos desde muy temprana edad, a los tres años leía perfectamente los periódicos sentado en el regazo de su padre en la mecedora de madera que adornaba la sala central de la casa de estilo victoriano en la cual vivían. A los cuatro años realizaba ya operaciones matemáticas y demostraba aptitudes elevadas para el manejo de equipos electrónicos e informáticos por lo que tuvo una educación especial en el “North London School for Gifted Youngmens”, una escuela privada para chicos de clase alta con coeficiente elevado. Sus años de enseñanza allí los aprovecho para aumentar sus conocimientos en robótica, desarrollo de inteligencia artificial, programación, psicología y antropología. David era amable pero callado por lo que en un ambiente como en el del North London, donde se concentraba una masa importante de cerebros con egos a la altura de sus conocimientos, le fue muy difícil congeniar con alguien y hacer amigos.

Para la edad de catorce años David ya había presentado con éxito varios proyectos, entre ellos uno de desarrollo de comunidades virtuales para que pacientes aquejados de enfermedades degenerativas neuronales puedan seguir interactuando a través de los impulsos eléctricos del cerebro luego de perder la movilidad. Las empresas de tecnología, siempre a la caza de talentos frescos y con potencial, pusieron sus ojos sobre David y lo abordaron con diferentes propuestas sobre su futuro próximo, le ofrecían un salario más que jugoso, carros, vivienda y la posibilidad de desarrollar proyectos privados más allá de los oficiales para los que trabaje. La presión corporativa era elevada por lo que sus padres decidieron que luego de terminar la secundaria se tomaría algunas clases libres en alguna universidad regular para poder socializar y disfrutar de su edad sin el stress que, según su forma de ver, todavía podía esperar un poco en llegar.

David tomó clases de literatura y arte en una universidad regular de Londres, lo hizo por dar el gusto a sus padres que se veían muy contentos con su inteligencia pero que por dentro se sentían un poco decepcionados de que no hubiera demostrado el gusto de ambos por las bellas artes. Al cumplir los dieciséis años se decidió por el programa de Desarrollo Junior de la compañía Next Horizont Technology Center. Le ofrecieron una plataforma de capacitación constante en donde podría crecer para que a los dieciocho años pueda pasar a formar parte del staff de científicos de la compañía. Estaba muy contento con los pasos que había tomado y sentía que todo su esfuerzo valía la pena. El NHTC era la meca para cualquier persona que quisiera hacer carrera en el campo científico y tecnológico.

“Estamos muy orgullosos de ti David, de veras, eres todo lo que un padre puede llegar a pedir” eran una frase que David había oído muchas veces en su vida de boca de su madre y hacerlo lo ponía muy bien. David era muy apegado a su madre, se había criado con ella ya que su padre pasaba mucho tiempo fuera de la casa debido a sus actividades laborales, firma de libros, giras con la editorial y conciertos por toda Europa. Su madre trabajaba medio tiempo para poder cuidar de el por las tardes y aprovechaba para hacerlo sentir como un niño normal dentro de la vorágine educativa de la que era parte por su elevado coeficiente intelectual. Su madre había llegado a Londres cuando tenía doce años, huían de una caótica situación de inestabilidad política y religiosa en una India dividida por castas que se enfrentaban tanto por cuestiones de poder como de religión, tardaron más de dos meses en llegar hasta la frontera francesa para poder ingresar por el Canal. En el trayecto un accidente de tránsito había terminado con la vida de dos hermanos de su madre y había dejado en ella una secuela de sobreprotección que transmitiría a David con un excesivo cuidado y un control estricto maquillado con el velo maternal que las madres usan para esconder sus verdaderas intenciones cada tanto.

Cuando David cumplió diecinueve años ya era parte oficial y uno de los líderes de un equipo de desarrollo tecnológico para concretar su proyecto de interacción entre las computadoras, los mundos virtuales y los enfermos por lesiones neuronales. Su intención era la de crear una plataforma para poder integrar la realidad que percibimos los seres humanos y una virtual que sería creada en base al entorno del enfermo, con esto los familiares podrían utilizar este sistema para, a través de un avatar, interactuar con el enfermo que controlaría a su “personaje” que respondería a los impulsos eléctricos generados por su voluntad. La idea era revolucionaria y había creado mucha expectativa entre los neurólogos y científicos especializados pero, a su vez, había conseguido una serie de repudios en medios escritos religiosos y puritanos indicando que la vida no puede ser controlada a través de una computadora y que una vez más los científicos estaban jugando a ser Dios al intentar modificar la divina creación con la influencia negativa de la ciencia. David no podía comprender como no veían que lo que esto significaba para los familiares y para el enfermo mismo “Se pueden comunicar por medio de los impulsos electromagnéticos aunque el cuerpo no le responda, mientras el área destinada a los impulsos esté funcional el paciente podrá comunicarse a través de un personaje que será una viva copia de si mismo, esto presenta un enorme abanico de oportunidades para poder continuar la vida en otro marco” solía repetir David con frecuencia cuando los reporteros de revistas especializadas lo atacaban con lo que el consideraba un repentino encuentro de moral falsa.

V

David Ferry tenía ya veintiún años y era jefe de desarrollo del área neurológica del NHTC, llevaba ya seis años en El Cubo y su crecimiento profesional había sido gigantesco, era respetado y admirado entre sus pares y su edad no era un obstáculo a la hora de los debates candidos. Su proyecto de interacción neuronal con mundos virtuales ya tenía financiamiento privado y el Ministerio de la Salud estaba ansioso por poder hacer las primeras pruebas de modo a llevar a cabo anuncios rimbombantes “Políticos” pensaba David cuando recibía algún apuro maquillado de consulta de parte de sus superiores para conocer el avance del proyecto.

Eran las tres de la tarde de un jueves de invierno cuando David notó que una de las máquinas de su oficina empezó a emitir una pequeña alerta auditiva. Se acercó hacia una portátil conectada a varias otras y revisó una interfaz en donde un montón de indicadores y números se paseaban como si fuera un desfile de hormigas. En la parte posterior de la portátil se leía las siglas T.A.P., tecleó un par de veces y pero el pitido no cesaba, consultó datos en otras terminales y volvió a la T.A.P.

“Debo arreglar esto de manera urgente, podría ser catastrófico para el proyecto y para… No!” exclamó con hastío.

Desde hacía tres meses, desde que inició este proyecto que estaba catalogado como “Personal” la llegada de este mismo momento le había estado atormentando. El proyecto estaba en fases de desarrollo tempranas cuando se vio en la necesidad de implementarlo de manera experimental. Todavía recordaba la llamada desde el Hospital, la explicación del accidente de tránsito, el diagnostico inicial, lo recordaba como si fuera ayer. En ese mismo instante decidió que su proyecto personal, que guardaba celosamente como un secreto bajo severas medidas de seguridad informática con encriptaciones poderosas, vería la luz forzosamente. Odiaba las circunstancias en que debía hacerlo pero el riesgo era demasiado alto, la vida de un ser querido estaba en juego. La posibilidad de un fallo en la plataforma principal siempre fue alta, pero hasta ahora la misma se había comportado de manera estable, lo que el pitido insistente indicaba eran los primeros fallos de consistencia a distintos niveles dentro de la misma. La necesidad de identificar y corregir los algoritmos indicados era elevada pero ahora mismo existía otra urgencia a atender.

En ese momento la urgencia se llamaba su madre, debía ir a cenar con ella, se cumplía un año de la muerte de su padre y no podía dejarla sola, su madre lo cuidó mucho tiempo a el y era turno de invertir los roles. Encontró odioso que en la única noche del año en la que no podía trabajar algo tan importante hubiera ocurrido, pero no había vuelta atrás, había de atender ambos asuntos.

“Iré a cenar con ella y mañana arreglaré esto sin falta, discúlpame” murmuró por lo bajo con la mirada clavada en el vacío, como pensando en algo… o en alguien.

VI

Thomas Avalon se encontraba parado bajo el marco de la puerta de entrada a su dormitorio, o a lo que debía de ser su dormitorio ya que en ese momento la visión que tenía no era la de todos los días. Más allá del umbral de la puerta se extendía ahora un vacío perfectamente blanco, todo lo que había estado en la habitación ahora ya no estaba, la cama, los muebles, la televisión, los cuadros, todo, absolutamente todo había desaparecido, inclusive las paredes, es decir, las paredes, el techo, piso, todo estaba ahí pero todo estaba blanco, como si se tratase del interior de una caja de zapatos de tamaño gigante, se notaban perfectamente los ángulos en donde las paredes se unían con el techo y el piso respectivamente pero no había ahí nada más, solo un blanco perfecto en una habitación desierta.

“¿Dios mío que está ocurriendo? Exclamó Thomas mientra intentaba contener las palpitaciones que estaban por hacer estallar su pecho entero.

Desde bajo el marco de la puerta, que tampoco estaba ahí, y temerosamente extendió una mano y la apoyó lentamente sobre una de las paredes intentando comprobar que si lo que veía era real y así lo era. La pared le devolvió una sensación plástica y fría, como si se tratase de algún tipo de acrílico pero era dura como si fuera de concreto. Luego de segundos de duda se aventuró a dar pasos dentro de la ahora fría y pálida estancia, se sintió como si estuviese entre las nubes o flotando en un espacio imaginario de nada absoluta. Su mente había adquirido el mismo tenor que la habitación y no podía pensar en absolutamente nada, por un momento creyó estar disfrutando de esa sensación de vacío y frío. Se sentía flotar en esa habitación extremadamente blanca, tan blanca que las paredes aparentaban emitir un brillo lechoso que lo iluminaba todo. Pero la realidad lo hizo aterrizar de golpe, al ver que lo que estaba ocurriendo no tenía el menor sentido lógico y  recordar la desaparición de lo que había en su escritorio la desesperación volvió a tomar las riendas de su ser. Salió corriendo hacia el color y calor del resto del departamento e intentó concentrarse para buscarle una respuesta lógica a todo esto. Sintió que esa tarea era sencillamente imposible.

“Piensa Thomas, ¡piensa!” exclamaba en voz alta, como buscando alguna respuesta en lo inexplicable.

Las más variadas hipótesis se cruzaron por su ahora turbada mente, de pronto supo lo que tenía que hacer, se sintió tonto por no haberlo hecho antes, tenía que llamar a la única persona que podía ayudarlo a encontrar una respuesta a todo este embrollo incomprensible, alguien con su capacidad de pensamiento racional y lateral. Tenía que llamar a su único amigo del Cubo.

“Necesito llamar a David…” dijo mientras miraba a la pared donde colgaba una foto en blanco y negro de ellos dos juntos con sonrisas amplias en sus rostros con El Cubo de fondo.

Levantó el tubo del antiguo teléfono que se encontraba en la mesa ratona frente al juego de living que dominaba la sala pero al acercarlo al oído en lugar del tono de siempre lo que escuchó fue pura estática.

“¿Que demonios está pasando?” Thomas sintió que su barrera de sanidad mental estaba a punto de ceder.

VII

David había dejado a su madre en su casa luego de la cena y decidió que no podía esperar hasta la mañana siguiente para solucionar lo que había provocado la alarma sonora horas atrás en la oficina. No solamente el proyecto dependía de que solucione los problemas de ingeniería que habían desencadenado la disparada de las alarmas de Control de Ambiente y Regularidad sino que de por medio estaba alguien muy cercano a sus afectos.

“No lo puedo decepcionar” se repetía a si mismo mientras manejaba rápidamente camino al Cubo.

Gracias a su credencial de acceso libre pudo evitar dar explicaciones a los guaridas del porqué de su visita a altas horas de la noche y se dirigió directamente al laboratorio en donde se encontraba la central de control del T.A.P. Levantó la tapa del ordenador portátil y vio que las alarmas seguían encendidas y sonando como las había dejado.


“El componente de memoria de ambiente está fallando, los algoritmos que controlan Regularidad y Ambiente no se pueden desarrollar al cien por ciento…” masculló entre dientes.

Las ecuaciones de control de memoria habían sido inexactas y por lo tanto los algoritmos que dependían de una capacidad de deducción lógica altísima de parte de los ordenadores estaban fallando, lo que hacía que todo el proyecto comience a caer como un castillo de naipes.

David estaba recalculando las variables cuando su teléfono móvil repicó sacándolo de su concentración.

- Sr. Ferry le habla el Dr. Shawn de Centro Goldstein… – dijo una voz familiar al otro lado.

- Si Dr., ¿que ocurre? – preguntó preocupado.

- El paciente Avalon está mostrando actividad neuronal extraña, sus latidos se han elevado a un nivel peligroso y los monitores neuronales están entregando signos de stress y angustia elevados.

“Mierda…”

- Lo estoy llamando ya que Ud. solicitó que todo cambio que no sea propio de las lesiones del accidente le sea informado…

- Si Dr. Muchas gracias, manténgame al tanto de todas las novedades por favor.

- Lo haré Sr. Ferry, ahora dígame, ¿esto tiene algo que ver con los transmisores instalados en el paciente?

- Dr. No lo puedo atender más en este momento, estoy ocupado, sepa Ud. disculparme – y cortó. Dar explicaciones de algo tan complicado era perder un tiempo que este momento no podía costear.

David se concentró en recalcular todas las variables e ingresó los nuevos resultados en el computador central de control. Los controladores de Ambiente y Regularidad deberían de funcionar correctamente luego de un pequeño reseteo de la matriz base. David presionó una serie de comandos en un ordenador alternativo y las luces de control del portátil dejaron de parpadear, el pitido se detuvo y por un momento hubo un silencio cuasi sepulcral en el ambiente, el mismo fue roto solamente por el sonido del sistema de refrigeración de los ordenadores que volvían a funcionar, las luces volvieron a titilar, el pitido había desaparecido. David respiro aliviado luego de cotejar que la funcionalidad del proyecto era ya casi del cien por cien de nuevo.

“Aguanta ahí amigo” se dijo a si mismo, la frase sonó como un ruego.

VIII

Thomas Avalon se despertó con una jaqueca terrible. Estaba sentado en su escritorio con la mejilla izquierda apoyada en la mesa y rodeado de un mar de papeles y sobres. Se desperezó sobre la mesa y miró el desorden como tratando de recordar lo que había ocurrido. Miró hacia la ventana y vio que ya era de día pero no podía recordar que día era, miró su reloj y eran las siete y media de la mañana del viernes, tenía una hora para prepararse e ir a trabajar. Ordenó los papeles, cerró la portátil y fue a darse una ducha.

Dentro de su habitación eligió la corbata que se pondría hoy, se colocó sus zapatos y se peinó frente al espejo. Antes de salir se colocó en la boca dos aspirinas y las bajó con un sorbo de agua.

“Siento como si un coche bomba hubiera estallado en mi cabeza” pensó mientras se contemplaba al espejo.


Volvió a mirar al sol elevándose en el horizonte y decidió caminar, era un día lindo y propicio para caminar.

IX

Un toque en el hombro despertó a David Ferry de su sueño y lo trajo de vuelta a la realidad de la oficina en donde había pasado la noche entera. El suave toque había sido dado por el director general del Cubo el Dr. Marcus Baxter.

- David, me han dicho que has estado trabajando toda la noche, ¿algún problema?

- No, no Dr. No hay ningún problema nada más quería revisar unos protocolos de seguridad y… – fue interrumpido por la voz grave del Director.

- David, hoy es la presentación del Proyecto a las personas del Ministerio de Salud, ¿estás seguro de que no hay ningún problema?

- Tan seguro como que necesito una ducha de manera urgente – trataba de sonar tranquilo.

- Muy bien chico, ve a darte una buena ducha, duerme un poco y ven para las tres de la tarde que necesito de tu ayuda para sacar esto adelante.

- Gracias señor – de verdad necesitaba ambas cosas pensó

***

Un mes luego de la implementación inicial de su proyecto personal David recibió un llamado del Dr. Baxter solicitándolo para una reunión. Baxter no solía convocar reuniones que no fueran de equipo por lo que en un principio se sintió extrañado por ello.

David fue reprendido de manera sutil por el Dr. Baxter por la cantidad de tiempo que le estaba dedicando a su proyecto personal, esto había generado ciertos retrasos en algunos proyectos estatales lo que no era del agrado del director, que era conocido por su apego a los calendarios y fechas limite de entrega. Pidió a David que le explicase de qué se trataba el proyecto en el que estaba trabajando. Luego de pensarlo un momento decidió ir a por todo y contarle todos los detalles al director, creía que con esto podría llegar a transformar en oficial el proyecto lo que le sería de mucha ayuda para llevarlo a cabo como pretendía.

David Ferry explicó en detalle al Dr. Marcus Baxter.

“El principal objetivo del proyecto es el de crear una realidad alternativa para pacientes con lesiones cerebrales que se encuentren en estado de coma. Numerosos estudios neurológicos indican que los pacientes en coma en realidad están despiertos pero atrapados dentro de un cuerpo inerte, que no responde a los comandos enviados por el cerebro. Es por eso que algunos pacientes en coma lloran al escuchar la voz de un ser querido. La frustración que genera esta situación en los pacientes es tan elevada que un gran porcentaje de los pacientes que despierta del coma lo hace con lesiones neuronales provocadas por el stress post traumático del estado vegetativo. Mi proyecto pretende generar una realidad en donde el paciente pueda seguir “viviendo” por decirlo de alguna manera utilizando sus propios recuerdos como libro de referencia para que el sistema genere eventos cotidianos en donde el paciente pueda desarrollarse sin la carga traumática de notar que está atrapado en su propio cuerpo”.

El Dr. Baxter estaba boquiabierto mientras escuchaba asombrado a David.

“Dr. Baxter, lo que el proyecto pretende ofrecer a los pacientes es una continuidad de su propia vida en un espacio controlado por ordenadores, un espacio que estaría constantemente monitoreado para que no se genere stress en ellos. A los familiares les brinda la tranquilidad de saber que sus seres queridos se encuentran de alguna manera siguiendo su misma vida, sin frustraciones ni temores de lesiones por stress. A los médicos les entrega un paciente calmado, con niveles de actividad neuronal regulares que permiten seguir un tratamiento sin riesgos de ataques neurológicos.”

El Dr. Baxter se pasó las manos por su canosa y espesa cabellera, analizando las implicaciones de poner en marcha un sistema de continuidad de realidad como el que le estaba presentando David.

“Dr. Ferry, debemos ser cautelosos con este proyecto, le doy mi total voto de confianza para que lo siga desarrollando siempre y cuando me reporte semanalmente los avances o retrocesos y que, por sobre todo, sea cauto y que no lo comente con nadie. Este será nuestro pequeño gran secreto David. Puedes dedicarte a tiempo completo a este proyecto. Estás excusado.”


David asintió, le dio las gracias y se retiró sin saber que el acuerdo de confidencialidad no iba a durar mucho de parte del Dr. Baxter. Ni bien David salió de la oficina tomó el teléfono y llamo a la centralita del Cubo.

“Steph, comunícame con el Ministro de Salud, dile a su secretaria que es urgente y que tengo grandes noticias para el…”

El Dr. Baxter rió para si mismo como victorioso esperando que David haga avances prontamente con su proyecto.

Una semana después comunicó a David que el proyecto era ahora oficial y que debía de ponerlo en marcha urgentemente. El Ministerio de Salud estaba muy interesado y no podían retrasarse.

- David, necesitamos un candidato para poner en marcha el proyecto. Tengo aquí una lista de pacientes en coma de distintos hospitales, sus historias clínicas están en camino, debemos elegir uno lo antes posible para colocarles los… -  Fue interrumpido por el tono seco de David.

- No será necesario Dr. Baxter, el proyecto ya está en marcha hace algo más de un mes.

- ¿Que dices David? ¿Ya hay alguien conectado al sistema? – preguntó extrañado el Director.

- Si Sr. Las circunstancias me forzaron a tomar esta decisión. Un amigo sufrió un severo accidente de transito, tuvo un golpe en el cráneo y se encuentra en coma en el Centro Goldstein. Tiene conectados los neurotransmisores y yo mismo me encargo de monitorear la actividad de replica de realidad.

- ¿Y quien es este misterioso amigo David? ¿Acaso tiene un nombre?

- En realidad Dr. creo que Ud. conoce a mi amigo, trabaja en el NHTC. Su nombre es Thomas Avalon.

***

X

En el camino de ida a su casa el móvil volvió a sacarlo de sus pensamientos, era el Dr. Shawn

- Dr., dígame ¿está todo bien? – fue el saludo de David

- Sr. Ferry, tengo el placer de informarle que los signos vitales del Sr. Avalon están estables y que su actividad neuronal es la normal, seguiremos monitoreándolo de cerca y cualq…

- Gracias Dr. Ud. ha sido de mucha ayuda – y cortó la llamada.

David llegó a su casa y se dio una larga ducha caliente, intentó dormir pero no pudo conciliar el sueño, decidió prepararse releyendo las tarjetas que la gente de Relaciones Públicas la había hecho llegar la semana anterior y les dio un par de leídas sin prestar mucha atención

“El proyecto ha estado a punto de quedar severamente comprometido, no puedo concentrarme ni dejar de pensar que hubiera pasado si me demoraba en rehacer esos cálculos y peor aún que hubiera pasado con…”

El sonido de una alarma casi lo mata del susto pero era la alarma, era hora de volver al Cubo. Inmediatamente después volvió a sonar su móvil, era el Dr. Shawn, la noticia que le acababa de dar le dejó sorprendido, su día acababa de tomar un vuelco inesperado.

XI

El salón del Gran Auditorio del NHTC estaba colmado de periodistas especializados, científicos, gente del gobierno y empleados del Cubo. Se estaba por anunciar que el proyecto liderado por el Dr. David Ferry iba a ser evaluado de manera intensiva por el Gobierno de modo a que, de cumplir los requisitos, sea parte del nuevo Sistema de Salud que pretendía llevar a cabo el Primer Ministro.

“… con esto llevaremos a Inglaterra a la cima del mundo en lo que a innovación médica se refiere, no solo daremos cuidados a los pacientes sino que podremos hacer que los familiares tengan un contacto con sus seres queridos que de otra manera hubiera sido imposible. El cuerpo humano, con sus infinitas debilidades y fallas, está encontrando respuestas en la ciencia y en la voluntad de jóvenes brillantes que dan una luz de esperanza para todos quienes están atrapados dentro de cuerpos inertes. Pero no ahondare mas en palabras y le cedo el turno al jefe del sector que llevó a cabo el proyecto conocido como “The Avalon Project” el Dr. David Ferry”

Las palabras del Director Baxter fueron seguidas de una ola de aplausos que resonaron en toda la sala mientras David subía al escenario. En el camino el Ministro de Salud lo detuvo y le dijo al oído mientras estrechaba su mano

- Chico, eres brillante, Inglaterra te debe mucho, seremos los números uno, de seguro el Primer Ministro querrá reunirse contigo…

“Políticos” pensó mientras subía al escenario con una ligera mueca en el rostro ya que todos ignoraban la sorpresa que iría a darles. Se acomodó las gafas, miró detenidamente a los presentes, que le devolvían la mirada como expectantes a sus palabras, exhaló suavemente y arrojó por un costado las tarjetas que la gente de Relaciones Publicas le había preparado, rodeó el atril y se acercó al borde del escenario, finalmente habló.

“Me pidieron que de un discurso sobre la ciencia y su poder, me pidieron que hable de esta institución y de su contribución a la humanidad con sus logros y avances. Pero la presentación de hoy no puede, no debe girar en torno a la ciencia sino sobre nosotros, los seremos humanos. La ciencia mejora nuestra calidad de vida pero parece crear un vacío terrible entre nosotros, nos alejamos cada vez más, sumidos en un mundo de ausencia de contacto real, aplaudimos la capacidad de comunicarnos cada vez más lejos unos de otros y nos olvidamos de nuestros vecinos, de nuestros amigos y parientes. Debemos humanizar la ciencia, que el hombre guíe a ella y no ella a nosotros. El Proyecto Avalon se trata de eso, de acercarnos más, de mantener los lazos entre las personas, de poder comunicarnos e interactuar a pesar de las distancias, salvando las dificultades.” David hablaba cada vez con mayor entusiasmo

“Esta plataforma busca mejorar la calidad de vida y recuperación de los seres humanos en coma. Las enfermedades deshumanizan, transforman al paciente en un elemento inerte conectado a tubos y cables, la vida no debe ser así, ni para quienes se encuentran en la desgracia de una situación necrológicamente grave. La  vida no se puede circunscribir al movimiento del cuerpo, porque dentro de esa inercia corporal habita un ser humano que sigue sintiendo y pensando, es nuestro deber ayudar a que puedan seguir viviendo mientras su recuperación se lleva a cabo y es sobre eso que trata este proyecto. Prolongar la experiencia de vida en pacientes en coma para que puedan evitar el stress traumático de verse atrapados en un cuerpo que no responde a sus deseos.” La gente lo miraba asombrada y no se podía escuchar más que el sonido de los flashes.

“Originalmente este proyecto fue ideado como un experimento de realidad virtual pero a partir de un evento en particular tomó un giro hacia lo que les comenté, hacia una experiencia de vida para los pacientes en coma y todo esto se debe a una persona, a un compañero, a un amigo, a Thomas Avalon, una persona llena de vida que en un horrible accidente cayó en coma. Fue el primer paciente en ser conectado a esta realidad alterna en donde su mente podía seguir viviendo su vida, escenario que daba a los médicos la posibilidad de tratarlo sin stress y que el cerebro siga activo y regenerando las conexiones neuronales dañadas en el accidente. Gracias a la incansable ayuda del Dr. Shawn del Centro Goldstein hoy puedo anunciarles que el Proyecto Avalon es todo un éxito y como prueba de ello ahora tengo el agrado de presentarles a mi compañero del NHTC y amigo, con Uds., el Sr. Thomas Avalon.”

El público giró las cabezas a la parte trasera del salón y vio que entre las cortinas aparecía un hombre de contextura física delgada y lleno de pequeñas pecas, era Thomas Avalon. Tenia el pelo rapado debido a los conectores y se lo veía un poco pálido pero era el. Se acercó por el pasillo central que dejaban los bloques de asientos y el sonido de los flashes y su resplandor se hicieron presentes. Caminó hasta el borde del escenario en donde la mano de David estaba esperándole para ayudar a subir. La sostuvo con fuerza y trepó los escalones hasta llegar en donde estaba su amigo y salvador, David. Se fundieron en un abrazo y sonrientes se acercaron a los fotógrafos y camarógrafos mientras sostenían los brazos en alto.

Thomas giró y habló a David cerca del oído, los aplausos del público y el sonido de los flashes eran ensordecedores, le dijo:

“David, necesito una computadora urgente…”

David pareció extrañado por el requerimiento de Thomas, ¿Ha de ser alguna secuela del accidente? Se preguntó preocupado.

“Lo que sobra en este lugar son computadoras Thom, ¿Que necesitas?”

“Ya he tenido suficiente realidad virtual por el resto de mi vida Dave, necesito eliminar mi cuenta de Second Life.” Dijo con una amplia sonrisa mientras se sentía volver a la vida completamente.

FIN

Publicado en  on Vie 24 Abr 2009 at 3:42 pm Dejar un comentario
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El lamento de Ganzúa

El sopor de la celda inundaba sus escasos seis metros cuadrados. El sol se colaba sigilosamente y sin pedir permiso por las rejas de la única ventana que estaba ubicada en la pared posterior bien arriba, para que la imagen de la libertad no se acerque a las retinas de los condenados, cosa que podría hacer nacer en ellos ideas libertarias que poco lugar tienen en un recinto como ese. Ganzúa sintió los rayos del sol quemando en su rostro y se despertó, poco a poco, parte por parte, pero no abrió los ojos.

 

“La puta madre que lo parió” se dijo a si mismo y lo que se escuchó fue un gruñido similar al de un perro viejo que le ladra a la luna por las noches.

 

El esquelético cuerpo de Ganzúa comenzó a moverse girando primero sobre su eje horizontal y luego, una vez boca arriba, abrió los ojos y contempló el techo de la celda, gris oscuro, sucio, con manchas de humedad que servían para buscar rostros y formas familiares en esos días en donde el aburrimiento toma total control del tiempo. No giró la cabeza pero sabía de memoria lo que ocurría en el resto de esa minúscula celda que desde hacía dos años le servía de refugio obligado por las autoridades que lo habían encontrado culpable del robo de lujosos vehículos aprovechando la desatención de los dueños que festejaban cumpleaños de quien sabe que pariente o amigo.

 

Abrió la boca, como queriendo decir algo pero se detuvo, suspiró y la volvió a abrir pero esta vez las palabras encontraron el camino hacia el aire.

 

“Está bien, desde un primer momento supe que estaba mal lo que hacía, obvio, no soy un boludo, claro que se que robar está mal y toda la mierda esa, todos lo sabemos, y no porque sea uno de los mandamientos, sino porque se que está mal, es una mierda robar, pero lo hice. Puta, me imagino las caras de esos pobres prójimos saliendo de los cumpleaños con sus rostros medio desfigurados por el alcohol, caminando como palomas recién nacidas hacia sus autos para que de repente un calor se les suba desde la panza misma hasta la cara cuando se den cuenta que en donde antes había un Mercedes, un Volvo, un Audi o una Toyota ahora hay solo un terrible vacío, un espacio entre dos autos en donde estaba el de ellos pero que ahora ya no está. Puta no me imagino eso, ni siquiera lo veía porque cuando ellos se daban cuenta yo ya estaba lejísimos de ahí, con una cara de satisfacción en el rostro, guita fácil loco, eso es lo que me empujaba, la yaya constante y sonante que me daban, extraño eso, evidentemente, la guita en el bolsillo, pero esto es una mierda loco, una mierda, no vale la pena….”

 

Macaco estaba sentado y miraba a Ganzúa divagar como siempre lo hacía, sus ciento cuarenta y siete kilos estaban ahí, sentados, contemplándolo mientras hablaba, hacía un calor de puta madre y estaba empapado de sudor, sin remera y empapado de sudor, su cuerpo se veía como el una bola mantecosa dejada cerca de una fuente de calor que va sudando la grasa, sus poros eran enormes, como todo su ser, y por cada uno de ellos salían gotas de sudor enormes, gordas, como lechoncitos saliendo de una chancha madre gigante, su piel oscura y grasosa servía como plataforma de deslizamiento de esas gotas que terminaban en el piso o entre los pliegues de su estómago flácido descomunal. Macaco miraba y no decía una sola palabra, cada tanto fruncía el ceño o hacía una mueca como de esfuerzo, nada más. Ganzúa seguía hablando.

 

“… y la vida acá adentro es una mierda, te apartan de todo, de la poca gente de tu familia que todavía te hablaba, de la joda, de la noche, las minas, de todo eso que hacía que yo busque la platita fácil loco, ¿me seguís? Pero acá estoy, encerrado por cinco años más si me porto bien y lejos de todo, que mierda Macaco, que mierda de vida. Pero sabes que mi cuate? Lo peor de todo esto no es estar privado de mi libertad, no es no poder tocar una teta como la gente, no viejo, eso es parte del juego, lo peor de estar acá es que cada mañana al despertar, lo primero que veo, todas las putas mañanas es tu cara de esfuerzo cuando estás sentado cagando en el water, todas las putas mañanas….”

 

Macaco miró a Ganzúa y con una voz finita y casi quebrada dijo:

 

“Que tembó que sos Ganzúa” y frunció el ceño una vez más.

Publicado en  on Mie 4 Mar 2009 at 1:05 pm Comentarios (9)
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Heroes

El ruido de los cañones había cesado. Los fusiles estaban postrados en silencio, algunos sobre los cuerpos, otros, con menos suerte, adornaban el suelo ahora rojizo con sus formas resultantes de la comunión de la madera con el hierro. Ya las bayonetas no probaban, quizás contra su voluntad, porque para matar nacieron, el calor de la carne humana. Las espadas de los despojados de sus fusiles, permanecían, algunas, las de los valientes, ensangrentadas y otras, las de los cobardes, vírgenes de todo rastro que hubiera hecho suponer que no fueron desvainadas por mero reflejo o presión de un superior para luego darse a la huida en manos de quien no quiso cumplir con su deber cívico de soldado. Algunos caballos vagan, solitarios, buscando restos de pastura sin cuerpos inertes, sin vainas, sin restos humanos desprendidos a fuerza o filo de los cuerpos que otrora se sintieron dueños de ellos, de esos no sabemos nada, ni destino ni paradero. No se veía cuerpo en pie en saliente ni poniente, ni en este u oeste. Desde la loma grande alguien podría contemplar el escenario entero, pero dudamos de que alguien quede en pie y, en caso excepcional de ser así, dudamos también de la reserva de fuerza necesaria para escalar la loma por el simple placer, si cabe la palabra, de contemplar una escena que haría temblar las rodillas, en caso de estar parado, del espectador más tosco y rudo. Dicen que una imagen vale más que mil palabras y esta imagen daría un discurso elocuente sobre la naturaleza humana de hablar, diría, con voz calmada y serena, que la humanidad muestra su lado más grotesco durante las guerras, contaría, con dolor en el rostro, las penurias de  quienes deben ver la destrucción en persona, no solo la destrucción material o de vidas, sino de todo lo conseguido, pasos pequeños de por medio, como sociedad. Hay los que matan en nombre de dios, hay los que matan por un pedazo de tierra, hay, algunos mas sentimentales, los que matan por una mujer (u hombre, seguramente). Sentaría a los niños pequeños en su regazo, dichosa imagen, y les contaría de los héroes y sus hechos, valientes algunos, fortuitos otros, pero con final feliz todos, en donde se reivindicaría el principio del bien como meta. La imagen, como se ha explicado para quienes tienen la imaginación con alas, era elocuente. La batalla final había dejado un saldo de suficientes muertos para ambos costados de la línea en disputa, usamos el termino demasiados porque sería imposible contarlos todos, y porque además no es necesario tener el numero exacto cuando son demasiados, con saber eso basta, los muertos eran tantos que los vivos eran minoría. Los árboles que rodeaban el campo de batalla estaban, los que quedaban en pie, los que eludieron de alguna manera las salvas de cañonazos que prefirieron omitir destino correcto, como testigos de la barbarie pronunciada en nombre del señor, de dios y de todos los santos que cabían en aquella, ahora destruida, iglesia. Una salva de un hereje, un cañonazo clerical, una espada bendecida atravesando su corteza, los enemigos estaban distinguidos entre sí pero los árboles eran, quizás por silencio, quizás por molestia, enemigos de ambos bandos. Contemplaron inertes las parábolas proyectadas por las bolas de hierro expelidas de los cilindros del mismo material, a través de una combustión repentina de una cantidad necesaria, teniendo en cuenta el peso de la esfera, la ley de gravedad y sin olvidad la resistencia del aire, de esa pólvora traída de la China, que hacían huecos en las formaciones de soldados, mermándolas instantáneamente en cantidades que rondaban la decena o más, dependiendo de la destreza del cañonero y, porqué no, de la suerte necesaria en el destino del disparo. Pudieron ver, si existe algo como la visión para estas plantas de troncos gruesos y raíces profundas, como las espadas afiladas por un hábil herrero cercenaban brazos y piernas, cabezas y orejas, vientres y achuras, mientras los gritos de dolor y valentía, hay quien debe gritar para embestir, se mezclaban en una sinfonía que poco tendría que envidiar a la música que, según los teólogos y entendidos en la materia, se escucharía sin fin hasta el cansancio en el mismo infierno por las almas condenadas al averno por conducta o vicio.

 

No muy lejos del epicentro de la batalla, de ese lugar marcado en la tierra con un sinfín de cuerpos tirados en ella y en los cielos con una bandada cada vez mayor de aves de rapiña, se encontraba el cuartel de uno de los bandos. En esa nube oscura, que hasta sombras provocaba en la tierra, los cuervos, rápidos e inteligentes, eran mayoría. Sus alaridos marcaban, a falta de marcas en tierra y cielo, en el viento la locación del encuentro entre espadas y cañones, entre bayonetas y sables. El cuartel era subterráneo, se encontraba bajo las arenas de una lomilla cercana a la loma grande en donde nuestro imaginario sobreviviente hubiera contemplado la más arriba detallada imagen. El mismo había sido construido antes de la batalla, como sería ideal teniendo en cuenta que la guerra ahora terminada tuvo indicios en cartas diplomáticas con respuestas que dejaron de serlo, por una docena de presos, once rateros y un asesino, que se encargaron de cavar lo necesario, de construir las paredes y techo, de dotar de las comodidades necesarias para media docena de militares de alto rango, el costo para las arcas del estado fue de ciento veinte monedas de oro, a eso hay que sumarle la vida del asesino que murió aplastado por el derrumbe de una pared mal construida, pero como su condición de quita vidas lo precedía nadie se apuro en contar su paso al infierno, para quien cree en el juicio final, como una pérdida. Dentro del cuartel subterráneo se encontraban tres personas, quizás los tres únicos sobrevivientes de la batalla final, eso si no contamos con el hecho de que del otro bando también existiera un cuartel subterráneo con sobrevivientes, pero para supuestos tendremos otras chances, hablemos de lo que sabemos con certeza, que estaban vivos, que eran tres y que eran los únicos vivos de este lado de la raya en disputa. Los sobrevivientes, por rango de mayor a menor eran, el ministro de defensa, el secretario de actas y el oficial primero de comunicaciones. Se encontraban en silencio, cada uno en lo suyo, dentro del cuartel subterráneo que ahora era su refugio y morada. El ministro de defensa se encontraba encorvado sobre el mesón central, candela en mano, consultando mapas y moviendo figurines sobre el, ignoraba, pobre, que los figurines ya no tenían un par de carne y hueso sobre la tierra, la luz de la candela proyectaba su perfil de nariz generosa sobre la pared de adobe teñido. El secretario de actas, joven de espejuelos y espigada figura, sostenía su pluma por sobre un libro de actas, dejando nota de todo lo que acontecía en la bitácora de guerra, en este preciso instante se encontraba dejando constancia de que el ruido había cesado, de que no se escuchaba más que el sonido del silencio, si se me permite el oximorón añadió, y que creía que la guerra había terminado o que todos había muerto, cualquiera consecuencia directa de lo otro. Mientras los dos sobrevivientes restantes se encontraban en lo suyo, por aburrimiento o necesidad, no se sabría decir con certeza, el oficial primero de comunicaciones estaba acostado en uno de los catres dispuestos para tal efecto, el de acostarse se entiende, la pierna derecha la tenía recogida con la rodilla apuntando al techo y el antebrazo izquierdo sobre su frente y ojos, tapándolos, como buscando observar las fantasmagóricas formas que la bamboleante llama de la candela proyectaba sobre la pared de adobe teñido. Se encontraba carente de labores, los mensajes dejaron de llegar al cuartel subterráneo y el se sorprendió sin necesidad de decodificarlos ni de interpretarlos, sin utilidad ya que no había que contestar ni a quien responder, había sugerido, con respeto y hasta una pizca de timidez, al ministro de defensa que se ofrecía a sacar la cabeza por el hueco del hoyo que guía al túnel anterior a la puerta de acceso al cuartel subterráneo para observar lo que acontecía, ya hace dos días que el sonido de los cañones empezó a mermar en decibeles y frecuencia y hace casi uno que el silencio es el amo y señor del exterior. Aguardemos, dijo el ministro, como solicitando fin a la recuesta del oficial primero de comunicaciones, cuando sea tiempo será tiempo, por ahora aguardemos a salvo en este refugio, añadió. El silencio reinó también dentro del bunker hasta que el secretario de actas cerró su bitácora de guerra, no sabemos si por hastío o por si ya había cumplido la tarea que en su momento lo requirió, Señor Ministro considero oportuno, en mi carácter de secretario de actas y en mi condición de perteneciente a este grupo de personas aquí encerradas, condiciones forzadas mediante, informarle que el silencio que nos envuelve, dejando de lado los sonidos propios a nuestra estancia y movimiento, es llamativo, curioso por lo menos si se quiere, ¿no sería prudente que enviemos al oficial primero de comunicaciones a que cumpla la tarea para la que se ha ofrecido tan amablemente? Por favor no tome esto como una afrenta a su autoridad o palabra, sino solamente como una sugerencia de quien se sabe observador y prudente, es de prudentes investigar, quien tiene la última novedad tiene una ventaja señor ministro, si la guerra que se desarrolla por sobre nuestras cabezas ha terminado o está en un lapsus deberíamos saberlo para poder actuar en consecuencia a las nuevas, sean estas buenas o malas. El ministro permaneció en silencio unos segundos hasta que, viéndose ante una realidad ineludible y cruda como la carne expuesta de los soldados muertos, aunque esto todavía no lo sabían los sobrevivientes, solicitó formalmente y con todo el protocolo necesario al oficial primero de comunicaciones que cumpla con su nueva tarea, que se asome al umbral con el exterior y que, con todo el cuidado que su tarea merece, observe, que mire y recuerde, que anote y memorice, que grabe a fuego en su retina y que sus oídos transporten a su cerebro todo lo que se pueda humanamente oír, mientras más información se recabe mejor. El oficial primero de comunicaciones se dirigió a la puerta y sin decir palabra alguna, hizo el saludo militar de rigor y se embarcó a su tarea.

 

No sabemos a ciencia cierta, esto es un juego inexacto por partes, cuanto tiempo quedaron en completo silencio el ministro de defensa y el secretario de actas, fue mas de media hora y menos de una diría alguien si hubiera estado ahí, pero no había nadie más que los anteriormente nombrados, el silencio era total y absoluto, ambos, absortos en pensamientos de los que nada sabemos, se mantenían con la mirada fija en un punto y esperando, como quien espera algo que no sabe que es ni cuando vendrá, esas cosas simplemente se esperan hasta que llegan, el secretario de actas había levantado la cabeza como para hablar, de algo banal y sin importancia, cuando la puerta de madera rechinó y la figura del oficial primero de comunicaciones apareció, estaba empapado de sudor y jadeante, producto, seguramente, del esfuerzo necesario para moverse por pasillos estrechos y oscuros. ¿Que ha visto y oído?, fue lo primero que preguntó el ministro de defensa, el oficial primero de comunicaciones tomó un poco de aire antes de hablar, señor, mi trabajo como oficial de comunicaciones es, como su nombre agraciadamente explícito lo informa, el de comunicar, de recibir información y pasarla, de llevar cartas y documentos a puerto seguro, si, es cierto, de alguna manera comunico, pero lo hago con palabras de otros, leyendo textos y misivas que fueron concebidas por mentes más preparadas para las letras que para las expediciones, leo, todo el tiempo, elucubraciones que no corresponden a mis pensamientos, prestadas para el momento y fin que debo representar físicamente nada más poniendo el cuerpo y la voz, por lo que ahora me encuentro carente de habilidades para expresar lo que debo, si el señor secretario de actas hubiera visto lo que yo acabo de ver podría, seguramente, redactar un informe completo que yo leería a viva voz ante quienes deba según me sea ordenado, pero como nada más quedamos nosotros tres, eso no será necesario, les pido, caballeros, me acompañen para el exterior de este nuestro refugio subterráneo que ha cumplido, a cabalidad, su fin, vengan conmigo a ver lo que yo pude ver, que peligro de proyectil perdido ya no existe, la amenaza de que un sable rebelde encuentre nuestras tripas, por fortuna o habilidad, es nula, la guerra, caballeros, ha llegado a su fin. En silencio y en orden los tres sobrevivientes, ahora tomaban conciencia del mote antes entregado, recorrieron los estrechos pasillos oscuros para dirigirse a la superficie de la loma grande, antes de llegar al umbral que separaba la luz de la oscuridad un tufillo denso y nauseabundo les anunció lo que suponían, pero que no podían imaginar a cabalidad.

 

El último en salir del hoyo que conducía desde el pasillo hacia la superficie fue el ministro de defensa, debido a su corpulencia fue necesario que tanto el oficial primero de comunicaciones como el secretario de actas usaran sus manos, ambas, para ayudarlo a trepar el metro y medio de escalones ubicados en la pared posterior del túnel vertical. El sol alumbraba en mediodía y lo hacia con fuerza y voluntad, pareciera que buscase de alguna manera preparar la iluminación necesaria para que los que aún no habían contemplado la escena de destrucción provocada por la guerra lo hagan a cabalidad y hasta donde el horizonte lo permitiera. El viento que se movía agraciadamente desde el norte y hacia el sur traía consigo los hedores propios de cuerpos en descomposición, los cuervos eran cada vez más y hasta fieles caninos estaban ahora olfateando los cuerpos  inertes y desmembrados, abiertos como papas hervidas en exceso, algunos, hinchados por la podredumbre interna, otros. Señores, la mano del diablo ha pasado por aquí, fue la sentencia primera del secretario de actas. La mano ha sacudido la vida fuera de estos cuerpos y su aliento, el aliento de azufre del diablo, ha carcomido los pastos, esto es mano y aliento, fuerza y vapores desde las entrañas, la muerte llegó terrible directamente desde las fosas avernales en las cuales, quien ha causado esto, mora eternamente. Aquí no hubo ni dios ni santos ni vírgenes ni ángeles, no hubo cruces ni rosarios ni oraciones, aquí lo único que hubo fue pecado y destrucción, muerte y destrozo, afrentas a todo lo bueno y respetable de lo humano y divino, aquí, señores, miles perdieron la vida pero el diablo ha ganado la misma cantidad de almas para su haber y entretenimiento. El secretario de actas concluyó su descargo sobre lo visto. Oficial primero de comunicaciones, usted que ha salido antes que nosotros a la superficie, ¿ha visto resto de vida en este lugar? No señor ministro de defensa, no he visto humano alguno en pie ni a rastras, he caminado hasta la frontera con los bosques y nada, hasta la línea en discordia y de nuevo nada, solo muerte y hedor, y cuervos, ¡cuantos cuervos!, he gritado por alguien, nombres al azar, nada, me introduje en los restos edilicios aún en pie y ni ratas señor ministro de defensa, esas, más inteligentes, han huido a tiempo, como es su costumbre, la iglesia la he visto en pie, lastimada pero en pie, supuse que adentro encontraría fieles y heridos, pero solo santos polvorientos y banquetas desordenadas he encontrado, la desolación me seguía adelantadamente los pasos, como sabiendo a donde me dirigía y se instalaba en donde yo entrase, no queda ser vivo, ni muerto, en pie, lo de muerto en pie espero que no lo encontremos nunca, pero con la mano del diablo acariciando nuestro destino aquí no se sabe, realmente, que puede ocurrir. Señor ministro de defensa, por todo lo recorrido y ahora expuesto es mi deber, mi obligación, concluir que, en base a evidencias físicas comprobables por vuestra merced cuando así lo requiriese, que, está más que claro, somos los únicos sobrevivientes de esta guerra, no quedamos más que nosotros tres. No es necesario recorrer todo este terreno para ver que la muerte ha encontrado a todo lo que estaba por sobre la tierra señor oficial primero de comunicaciones, aquí solo reina la muerte y el silencio, probablemente los animales reinen también por mientras le dure la carroña para comer, luego también morirán y serán devorados por los cuervos, hasta que nada quede para alimento de unos o de otros, ahora, somos solamente nosotros tres y esta alfombra de muertos. ¿Cuántos muertos tenemos aquí?, preguntó el secretario de actas, demasiados, la cantidad aquí no importa, son demasiados muertos y los vivos somos solamente tres, esa relación, por donde se la mire, muestra que lo ocurrido atroz, violento y desolador, tantos hombres, tantos jóvenes, tantas mentes y almas perdidas en una batalla que, a la postre de lo expuesto como costo final, se hace innecesaria y hasta evitable, sabias palabras señor ministro, sabias palabras.

 

Bajaron de la loma a paso lento para no resbalar con la sangre coagulada como una pasta sobre la mata, se apoyaron uno sobre otro para evitar caer entre los muertos nauseabundos, evitaron, con un decoro propio de los vivos, patear o pisar a quienes ya no podían verlos u oírlos, como si pudieran sentir dolor, malestar o incomodidad, tontos vivos, dirían los muertos, estamos muertos, sin resto de vida en nuestro ser, ya nuestra piel no transmite sensación alguna, anden con relajo entre nuestros restos, pisen y pateen, que no lloraremos o emitiremos quejido alguno, no se retrasen eludiendo un bulto inerte, que es eso lo que somos ahora, bultos postrados sobre un gramado otrora vivaz que se ha muerto por nuestra sangre derramada que no le permite recibir los rayos del sol, ese sol que ya no quema ni lastima la piel, solo alumbra para mostrarnos muertos como estamos, para que quienes caminen entre nosotros nos vean y no caigan, que seguro, pobres, se asustarán de caerse, quien quiere caer entre muertos y menos entre muertos desmembrados como nosotros, la guerra nos mata y además nos saca toda la decencia, pues morimos abiertos, expuestos desde dentro hacia fuera, no morimos postrados en una cama, presos de una enfermedad o de un súbito rapto de vida por causas divinas, no, no morimos peinados y con paños de gasa de algodón cubriéndonos como ángeles, listos para ser recibidos por la gracia divina que nos espera, no, esa no es la muerte que ha venido a buscarnos a nosotros, a nosotros, por azar o destino, nos tocó la muerte que no solo te saca la vida, te saca las entrañas, los miembros y el decoro, vamos, pisen y pateen sin problema que ya todo lo hemos perdido, estamos muertos, y de la muerte y el ridículo no se vuelve, y estamos, que coincidencia, ridículamente muertos. Señor ministro de defensa, tenga usted cuidado de no respirar profundamente este aire, está maldito, lleno de muerte, por no decir que es tóxico, usted también señor secretario de actas, tápese la boca con lo que pueda, aguante la respiración que ya llegamos a los bosques en donde, por suerte, son menos los muertos que los árboles y podremos respirar aire puro, si queda todavía algo puro por estos lares esperemos que sea el aire señor oficial primero de comunicaciones. Ya, aquí estaremos a salvo del aire maldito de los muertos, pero no de la mano hábil y maligna del diablo, es cierto, ¿que haremos ahora?, esa pregunta había tardado mucho en llegar a la boca de uno pero estuvo en mente de todos desde que vieron el sol de nuevo, ¿señor ministro de defensa? Hemos tocado fondo caballeros, aquí no hay camino que seguir que no sea el de la reconstrucción de quienes somos, no hay espacio para lamentos ni dudas sobre lo que tenemos que hacer, aquí, aunque no parezca, la mano de dios ha hecho también un acto propio de su condición omnipotente, nos ha mantenido con vida a nosotros tres, un político, un hombre de letras y un experto en logística y comunicaciones, que es, a una escala menor, lo que necesitamos para poder reconstruir lo que el diablo, obrando a través de nosotros, ha destruido. Tenemos una ardua tarea caballeros, debemos dejar constancia de estos actos de guerra, debemos escribir y describir todo lo que podamos sobre lo que nos ha llevado a esta catástrofe, debemos escribir, en orden y por partes, los orígenes de esta afrenta, los porqués de esta batalla, los caminos que debíamos de haber tomado y que decidimos ignorar, sentemos las bases de lo que nuestra sociedad, ahora destruida, fue y enseñemos a quienes vendrán después de nosotros, con nuestras letras sobre el papel, que alguna vez nos hemos equivocado, que no lo hagan de vuelta, pero por sobre todo caballeros, y aquí está nuestro principal cometido de esta vida que nos quedó como regalo, necesitamos generar héroes, debemos escribir historias de valentía y coraje, debemos hablar de quienes hicieron frente al cruel enemigo, contemos de sus acciones valerosas, de su lucha contra un enemigo feroz que lo superaba ampliamente en número y maldad, creemos, todos juntos, personajes a quienes admirar, en quienes inspirarse para una reconstrucción total de nuestra identidad como pueblo, como patria, necesitamos apoyarnos en sus brazos para levantarnos, todos los pueblos necesitan héroes para que los pequeños puedan crecer queriendo ser como ellos, fuertes, orgullosos, luchadores y de fe. Loable, por sobre todo señor ministro de defensa, me parece la idea de dejar constancia de la valentía de quienes hoy no pueden hablar, por falta del aliento de la vida, por si mismos, pero, lastimosamente, por estar resguardando nuestras vidas bajo tierra, dios no nos permitió ver quienes fueron valientes ni quienes huyeron de su deber, no sabemos los nombres de quienes se llevaron consigo más vidas enemigas ni las circunstancias valerosas, o no, en que las hicieron, señor ministro de defensa, estamos cegados por la ignorancia de no haber visto esta guerra de cerca, solo nos llegaban informes y bitácoras, nada más, señor ministro de defensa, de héroes de verdad, si los hubo, de ellos, no sabemos nada. Entiendo su preocupación señor secretario de actas, es la mía, la suya y entiendo que también la del señor oficial primero de comunicaciones, pero es aquí en donde nosotros tres, sobrevivientes de esta tragedia, entramos a tallar en la historia, historia que, justamente, la escribiremos nosotros, desde nuestros recuerdos, nuestras memorias y nuestra imaginación, caminaremos entre los muertos y pararemos y le diré a usted, mi querido escriba, este, es este un héroe de guerra, es cierto que con mis dedos estaré apuntando a un cuerpo inerte y sin identidad pero estoy seguro que ese será un héroe,  nos sentaremos a su imagen y recrearemos sus historias de mayor valor y coraje, eso haremos, haremos nacer héroes de muertos sin nombre, ellos tendrán su redención, murieron en batalla, sin nombre o legado pero eso se lo daremos nosotros, renacerán, si, como héroes, que mejor regalo que ese señor secretario de actas, usted, usted con su pluma se encargará de parir a quienes serán los héroes de nuestra patria, a los portadores de la bandera de nuestra identidad, aquí, en este lecho de muerte, nacerán héroes, del polvo, de las cenizas, de la muerte. Señor secretario de actas, si, dígame señor ministro de defensas, ¿ha traído usted consigo tinta y plumas suficientes? Mis plumas son mis dedos, y tengo tantas plumas como ellos en el cuartel subterráneo y la tinta es mi sangre, tengo tanta tinta como sangre señor ministro de defensa, para llenar volúmenes y volúmenes de palabras. Pues no perdamos más tiempo, que los muertos nos esperan pacientemente para que hagamos héroes de ellos, vaya mí querido secretario de actas, y cuando vuelva, nacerán héroes.

 

FIN

Publicado en  on Vie 12 Dic 2008 at 4:46 pm Comentarios (3)
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La parada de autobuses

Papá ¿Quiénes son las personas que van en aquel bus? ¿Las conoces?

 

La pregunta del chiquillo, sentado en el refugio para buses al lado de su padre, rompió la monotonía de la tarde inmediatamente luego de que un bus, no el que ellos aguardaban, haya pasado.

 

No hijo, no las conozco, respondió el padre con un tono amable, pero puedo suponer que es gente que está yendo a su casa o a la oficina, seguramente alguien en el bus está yendo o volviendo de la escuela o el colegio. Algunos irán al parque y otros a ver una película al cine, puedo tratar de adivinar que, quizás, habrá algún pasajero que va a un reencuentro ansiado y es casi seguro que uno o dos irán nada más pensando en ganarse la lotería o en un rico plato de comida. ¿Por qué lo preguntas hijo?

 

Los ojos del chico se tornaron ligeramente más grandes mientras tomaba un poco de aliento para hablar.

 

Por nada papá, solamente que creo que hay mucha gente por ahí dando vuelta que no conozco. Me gustaría conocerlos a todos. ¿Crees que pueda conocer a toda la gente papá?

 

Claro que puedes hijo, solo depende de que tanto tiempo dediques a conocer a las personas. Verás, la gente puede ser muy complicada o muy simple, depende de que tan bien uno las pueda conocer. Por ejemplo tu abuelo, tu me has dicho que te parece que el abuelo siempre tiene algún problema ya que siempre está enojado o refunfuñando por algo, pero en realidad es que tu abuelo extraña mucho a tu abuela y la soledad no le sienta bien a nadie, es su forma de hacernos saber que necesita cariño y atención de nuestra parte, por eso es que siempre te digo que juegues al dominó con el, estar contigo le hace pensar en otras cosas y eso, a su edad, le sienta bien.

 

La atenta expresión del chico hizo saber al padre que había sido comprendido.

 

Papá ¿La gente que no conocemos tiene nombre?

 

Claro hijo, tienen nombres así como tu y como yo, como tus tíos y compañeros de escuela, todos tenemos un nombre, por más que no los conozcamos. Seguramente algún hijo estará preguntando ahora en ese bus que vimos pasar si tú y yo tenemos nombres así como tú me lo preguntaste a mí. No nos conocemos pero tenemos las mismas dudas y preguntas. La gente, dentro de todo, no es muy diferente una de otra.

 

El padre uso sus dedos para peinar la cabellera de su hijo.

 

¿La gente que no conocemos sueña como nosotros papá?

 

Todo el mundo sueña hijo, los que nos conocemos y los que no, los que vivimos aquí y los que vivimos en otro lado. Todos, al cerrar los ojos y dormir, soñamos, no soñaremos con las mismas cosas pero todos lo hacemos. Algunos sueñan con sus deseos, como tú, cuando sueñas que eres piloto de un avión, otros sueñan con gente que quiere pero que está lejos, otros sueñan aventuras y algunos sus miedos. A veces recordamos nuestros sueños cuando nos despertamos pero al intentar volver a pensar en ellos ya no podemos hacerlo. ¿Tú recuerdas tus sueños hijo?

Si, a veces lo hago papá, sueño que soy un futbolista profesional y anoto el gol de la victoria, sueño que estoy escalando una montaña alta y que luego me tomo una foto y te la envío al teléfono para que me veas. Una sonrisa dejó notar los dientes grandes y blancos del hijo.

 

Papá, yo creo que lo mejor es que no veamos a la gente que no conocemos, por ejemplo a la gente del bus, ya que no las conocemos deberíamos de ver el bus vacío y solo si hubiera alguien que conozcamos lo veríamos, ¡eso sería bueno!

 

Sería divertido de alguna manera hijo, pero ¿como crees que conocerás a gente nueva si no la puedes ver? Tú me habías dicho que querías conocer a toda la gente, pues para eso debes verlas y debes charlar con ellas, debes conocer sus gustos y sus particularidades y para eso debes poder verlas, además ver a gente que no conoces te sirve en los sueños.

 

¿En mis sueños Papá?

 

Si, ¿Alguna vez has soñado con personas que no conoces? Pues no son producto de tu imaginación, son las personas que vemos en la calle todos los días y que no conocemos, ellas aparecen en nuestros sueños de la misma manera para que algún día las reconozcas y las puedas conocer.

 

El sol de la tarde dio en sus rostros y el padre cubrió los ojos del hijo con sus manos por unos minutos. El bus que estaban aguardando se acercó lentamente por la calle hasta quedar frente a ellos, subieron y vieron frente a ellos un pasillo con asientos y gente que no conocían. Mas tarde soñarían con ellos.

 

FIN

Publicado en  on Lun 17 Nov 2008 at 5:00 pm Comentarios (2)
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Cigarrillos y Café

Sus temblorosas manos intentaban encender el cigarrillo que sostenía entre sus labios sin éxito. Se sorprendió a si mismo nervioso, ansioso, agitado. La proximidad del encuentro era notoria y no podía disimular, aunque lo quisiese, que estaba crispado de nervios por ello. Decidió ponerse en marcha para el bar donde se habían citado, llegaría con varios minutos de antelación pero así era el, siempre llegó antes que todo el mundo a todos lados, era lo normal, y si las cosas seguían dentro de lo normal ella llegaría varios minutos tarde, como si nada hubiera ocurrido y lo arreglaría todo con su sonrisa perfecta y su expresión aniñada. Decidió caminar hasta el café ya que no quedaba lejos de su casa y además los pasos cortando el aire frío lo ayudarían a calmarse un poco, volvió a sorprenderse del estado de sus nervios.La tarde de otoño que se posaba sobre sus hombros huesudos le daba un matiz aún más introspectivo al recorrido hasta el café donde se habían citado. Las hojas muertas bajo sus pies servían de alfombra y las risas de los chiquillos correteando ataviados con abrigos y gorras de lana completaban un paisaje agradable pero que terminó por hundirlo más en la depresión que lo aquejaba desde habían quedado en encontrarse de nuevo para charlar. “Tenemos que hablar” dijo ella, con su voz ligeramente aterciopelada al teléfono, pocas personas suenan tan bien al teléfono como lo hace ella, debe ser por la cantidad de cigarrillos que fuma al día solía pensar el. Siguió caminando por el boulevard hasta llegar a una intersección en donde se detuvo a encender un nuevo cigarrillo “Fumar daña la salud” pensó “Pero no hacerlo daña mis nervios” terminó agregando mentalmente. Su tranco se hizo lento, pausado, quería llegar hasta el café pero a su vez quería tardar el mayor tiempo posible en llegar hasta allí, se sentía como volviendo a casa luego de la escuela con el boletín de calificaciones lleno de repruebes en mano. Un nudo de amarrar barcos se había depositado sin permiso en su plexo solar.

Llegó al café quince minutos antes de lo previsto. Aquella esquina se mantenía inalterable desde hacía mucho tiempo, los años se hacen pesar con desgracia sobre las personas pero a los edificios les hacía bien. Los faroles que otrora contenían mecanismos de kerosene hoy contenían orgullosos en sus entrañas la más moderna tecnología en ahorro de consumo. Las mesas colocadas ordenadamente sobre la acera eran de madera robusta y estaban pintadas de un color oscuro. Se imaginó el trabajo diario de los mozos en sacarlas a la acera y volverlas a guardar a la noche, sintió pena por ellos. El café era por fuera idéntico a uno que podría encontrar en cualquier rincón de Buenos Aires, Paris o La Habana. Un café tradicional que daba cabida a polémicas entre señores mayores, a rondas de secretos entre amigas o a lecturas agradables de periódicos o de algún libro de Savater o Borges. El delicado choque de las tazas con los platillos, las caricias circulares de las cucharillas contra los bordes de porcelana de la vajilla y el constante sonido de voces en el fondo completaban una atmosfera cálida donde una charla como la que tendría con ella podría llevarse a cabo perfectamente.

Eligió la mesita para dos de siempre, pero en este caso siempre significa antes, cuando iban juntos a tomar cafés y a charlar en compañía de los inseparables rubios. Se sentó en el lado de la mesa que le correspondía siempre, o sea antes, cuando iban juntos. Como las cortinas verdes estaban corridas pudo fijar la mirada en algún punto vago del exterior y seguir pensando mientras la esperaba. Recordó la primera vez que fue al café, fue, coincidentemente, en la primera cita que tuvo con ella. Fue muchos años atrás en el mismo lugar, ellos eran diferentes en muchos sentidos, era jóvenes, eran inocentes e ignoraban que la vida los llevaría al mismo lugar muchos años después con el complemento de que esta vez el espacio entre ellos era enorme, gigante. Recordó que sus ojos no podían escapar del hechizo de los de ella, que su voz ya mostraba indicios de lo que hoy sería su característica principal y que ambos se mostraron tontos, torpes en el juego de seducción. Ella tenía un anotador en sus manos y lo había colocado junto con un marcador sobre la mesa y los empujó hacia el añadiendo “Haceme un lindo dibujo”, el sostuvo dubitativamente el marcador durante un par de segundos sobre el anotador y luego esbozo unos trazos que se convertirían al cabo de un tiempo en un gato de espaldas sobre una muralla bajo la atenta mirada de una luna desproporcionadamente grande.

De su ensimismamiento lo sacó la sensación de estar siendo observado. Pero antes de que pudiera girar la cabeza para buscar a quien lo estaba mirando escucho un sonido aterciopelado, dulce y conocido “Hola” dijo ella de manera tímida, como buscando no asustarlo. El se levantó de su asiento sin decir nada y le dio dos besos, uno en cada mejilla, corrió la silla e hizo un ademán para que se sentase en ella. Se saludaron torpemente un par de veces más y el ordeno dos cafés, un capuchino para el y expresso doble para ella “Lo de siempre” pensó. Hubieron segundos incómodos hasta que el propuso la conversación.

- Es bueno verte, te veo muy bien. Parece como si no te hubiera visto en mucho tiempo – Su tono de voz era sincero.
- Gracias, es bueno verte a vos también, realmente estaba esperando encontrar el momento justo para charlar con vos.

El sonrió marcadamente.

- ¿Qué pasa? ¿de que te reís? – preguntó ella también con una sonrisa en el rostro.
- Que siempre me resultó simpático como vos decís “con vos” no “contigo” como todo el mundo.

El estaba intentando evadir lo que vinieron a tratar originalmente pero sabía que no lo iba a poder hacer durante mucho tiempo más. Días atrás ella lo había llamado pidiéndole un poco de su tiempo para conversar. Ella explicó que si bien ellos ya hacía mucho tiempo que no eran pareja sentía que las cosas no se habían cerrado del todo entre ellos y quería hacerlo para no dejar las cosas sin decir. Las cosas que no se dicen pesan demasiado y no se van, se prenden a la corteza cerebral y permanecen ahí, inertes, hasta que cada tanto liberan un impulso que nos hace recordar que todavía están ahí y nos tiran para abajo. Las palabras deben ser dichas, por algo son palabras, de otra manera, mas tarde o mas temprano, nos atormentan y quitan el sueño.

- Contame que andas haciendo – dijo ella.
- Nada – exclamó – estoy escribiendo mucho, sabes que me gusta mucho escribir. Algún cuento por aquí, algún intento de poema por allá. Es mi manera de liberar tensiones y demonios.
- Si, todavía te conozco, no te olvides de eso. Siempre fuiste muy callado, muy retraído, vivías para tus adentros. Lo recuerdo bien. A veces era muy difícil conectarme contigo, tus silencios se hacían eternos.
- Lo sé, te pedí disculpas por ello a su debido momento. ¿Era de esto de lo que me querías hablar? – Se sentía de vuelta en el banquillo de los acusados y eso lo puso incómodo.
- No, disculpame. Lo que quería preguntarte es que pensas de nosotros.
- ¿Nosotros? – No existe tal cosa como “nosotros” pensó el.
- Si, si bien nos separamos hace mucho, alguna vez pensaste en nosotros, juntos, es decir, en… volver… probar. – Exclamó dubitativa y nerviosa.

El no esperaba escuchar eso. No pensó nunca que ella, al igual que el, hubiera tenido imágenes mentales de ellos de vuelta juntos. Se quedó callado durante unos segundos, sacó un cigarrillo del atado, lo encendió, lo saboreó durante unos segundos y la miró a los ojos que ahora se mostraban ligeramente opacos pero igualmente llenos de vida.

- Claro que lo pensé, creo que todos los que alguna vez fueron pareja lo hacen. Nos hacemos las mismas preguntas. ¿Y si le hubiera dicho que si aquella noche? ¿Y si la hubiera abrazado en lugar de haberme dado vuelta para dormir sin decidir arreglar aquella pelea? Todos nos hemos refugiado en el hueco de nuestras almohadas y hemos pensado en los “¿What if…?” Todos nos hemos perdido en espacios imaginarios donde las decisiones erradas que tomamos no nos perseguían todos los días. ¿Qué si pensé en nosotros juntos y como sería eso? Claro que lo pensé – Habló mucho más de lo que le hubiera gustado.
- ¿Y me contás como sería lo que pensaste? – Se mostró curiosa.
- Que no funcionaría. Que luego de un tiempo caeríamos en los mismos vicios y en las mismas actitudes que hicieron que hoy estemos sentados aquí hablando de esto. Nos hicimos muchísimo mal, nos lastimamos hasta el punto en donde las cicatrices todavía las llevamos a flor de piel. No podemos mirarnos a los ojos sin evitar recordar que en algún momento nos quisimos demasiado y al otro nos clavamos puñales en el corazón. Las marcas de nuestro pasado nos hicieron ser quienes somos hoy y hoy somos diferentes pero somos diferentes estando separados, estando juntos somos los mismos y yo no puedo con vivir con esa dicotomía. – Su tono de voz mostraba una angustia que no se podía maquillar.
- Lo que siempre me gustó de vos es esto, tu capacidad de decir todo lo que pienso y de decirlo siempre mejor. – Sonrió.

La charla siguió pero ya no volvieron a hablar de ellos nuevamente juntos. Hablaron de sus proyectos laborales, recordaron viajes pasados y anécdotas con los amigos en común. Se rieron hasta las lágrimas y colocaron hábilmente silencios que no estaban llenos de incomodidad.

Ella miró su reloj de pulsera e hizo una mueca como lamentando que el tiempo haya pasado tan rápidamente. Se pasó las manos por el pelo y se arregló la coleta, juntó sus cosas y se levantó de la silla.

- Se me hizo tarde me tengo que ir, el me espera para cenar – Exclamó.
- Si, lo entiendo, ella me está esperando para ir a visitar a su madre, no quiero ir pero debo hacerlo, sabés como son ustedes las mujeres con estas cosas. – Sonrió al final de la sentencia.

Se despidieron con dos besos en la puerta del café y se desearon éxito en sus vidas.

Encendieron un cigarrillo cada uno y caminaron en direcciones opuestas.

Publicado en  on Lun 20 Oct 2008 at 3:41 pm Dejar un comentario
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De visitas

Recuerdo claramente cuando, de pequeño, iban a llegar a visitas a casa. Mi madre y mi abuela andaban alborotadas por la casa dejándola presentable, en condiciones dignas de las visitas, que hasta donde recuerdo estaban lejos de ser de miembros de alguna realeza lejana, el objetivo era que mostremos nuestra mejor cara, nuestro peinado más arreglado y nuestros cachetes lo más rosados posibles. Luego venía una lista interminable de cosas que no debíamos hacer mientras las visitas duraban, no decir malas palabras, no masticar con la boca abierta, no respirar fuerte, no realizar movimientos bruscos, en síntesis nuestras opciones eran sentarnos y simular ser la estatua de madera del Pombero que adornaba la antesala. A la visita se la trataba como se nos trataba a nosotros pocas veces, ¿navidad quizás?, comían las mejores frutas y disfrutaban de las chipás mas frescas y calentitas, nosotros estábamos relegados a comer lo que el gato no quiso en ese momento. Nuestros momentáneos visitantes no debían mover un dedo en la casa, todo se les hacía llegar con prisa y con una amabilidad elegante, de mayordomo de alguna maison francesa en el siglo de las luces. Obviamente esos mayordomos improvisados éramos nosotros, pequeños chavales que en lugar de estar sucios y divirtiéndose estaban fungiendo de servidumbre ausente en una casa donde nunca la hubo. Sostener la bandeja con ambas manos, tener la cabeza erguida en todo momento, brindar una sonrisa que haría que los abogados de Colgate nos demanden, etc., eran los consejos de la madre de madre, de mi abuela. No sea que las visitas no vean como somos todos los días, porque sí, en la casa nuestra todos los días nos deleitábamos con manjares y tomábamos té helado con hojas de menta adornando el vaso mientras los pequeñuelos revoloteaban tratando de brindar servicio a los adultos. ¡Ho visto hipocresía!

El status de ser “visita” en “casa ajena” daba a uno una cierta sensación de importancia, uno se sentía cuidado, querido, mimado como el primer nieto recién nacido en una familia numerosa. Uno llevaba sus mejores vestidos cuando iba de visita. Recuerdo que cuando íbamos a la casa de los amigos de mis padres debíamos vestir unas cruzas horripilantes entre un vestido de “adulto” y un niño, terminábamos pareciendo personas adultas en miniatura, nada más desagradable a la vista cuando las fotos de antaño hacen acto de presencia en los encuentros familiares. Esa combinación de camisa blanca con volados, traje gris y moñito rojo todavía me acecha en mis pesadillas de tanto en tanto. Madre nos ponía en fila antes de salir de casa y a cada uno nos daba las instrucciones de cómo debíamos comportarnos al llegar, como debíamos saludar, que debíamos sonreír y dar las gracias y que todo ello no debería de parecer falso ni ensayado, era mucho mas importante parecer que ser, éramos niños por el amor de Dios. El último de la fila antes de subir al auto era yo, el mayor, el responsable, el que debía de cuidar el comportamiento mío y el de mis hermanos, que eran lo más parecido al demonio de tasmania en versión humana, cosa que provocaba los primeros conatos de estrés en mi corta existencia.

Ir de visita a la casa de los amigos de mis padres era de lo más aburrido del mundo. Primero por lo arriba mencionado, el proceso de tortura dividido en actos para vestirnos, para recibir instrucciones y para seguir escuchándolas en el auto mientras íbamos cruzando la ciudad. Luego, ya en camino, escuchábamos a madre contando a padre unas historias sobre sus amigos, sobre las esposas de sus amigos, sobre las caderas gordas y los vestidos de las esposas de sus amigos. Usualmente no eran comentarios que a los afectados les hubiera gustado escuchar, es más me pareció siempre tan extraño que luego de criticar tan vehementemente el perfume, que por lo que madre decía no era caro, ella le diera un abrazo tan cercano a la esposa del amigo de mi padre. Cosas de adultos supongo. Una vez en la casa las cosas no se ponían mejores, sino todo lo contrario. No se que extraña atracción tenían los mayores con nuestras mejillas, que luego de ponerse rojas por el manoseo seguían con el mismo tinte debido a los nervios por el abuso táctil de las que fueron víctima. Cuando los mayores estaban instalados nos enviaban a jugar con los hijos de la pareja visitada de turno y era en ese momento donde las cosas se ponían verdaderamente insoportables.

Niños, no se como tanta crueldad puede caber en un cuerpo tan pequeño. Los adultos parecen olvidarse con el paso del tiempo lo difícil que es para un niño relacionarse con otro cuando no existe un trato continuo como es en el caso de los vecinos o de los primos por ejemplo. “Vayan a jugar” nos decían como si con eso bastase para que los silencios incómodos y las miradas juzgadoras desaparezcan. Entablar conversación con los varones era algo mucho más simple digamos, bastaba con poner un autito o un par de ellos entre los dos niños que la dinámica aparecía sola, creo que ahora sigue siendo igual entre dos adultos desconocidos, basta con reemplazar el autito por una botella de cerveza y el efecto es el mismo. Pero cuando eran todas hijas la cosa era diferente, a esa edad las niñas son enemigas de los niños y viceversa, no hay autito que pueda servir de mediador en este caso. Irónicamente la pareja más cercana a mis padres tenía tres nenas y nosotros éramos tres varones. Lo que debía haber sido una jornada lúdica se transformaba en un concurso de llanto, de lucha libre y de juegos de tiro al blanco donde el blanco éramos nosotros o ellas, dependiendo de quien estaba en el ataque en ese momento. Nunca me voy a olvidar cuando al volver a casa me quejé con padre de que la hija mayor de la familia donde íbamos siempre me hacía la vida imposible con sus pellizcos y guiños de nena mayor que entraba a la coquetería, padre, que era y sigue siendo hombre de pocas pero claras palabras me dijo “Devolvele la cortesía”. Al principio no entendí muy bien de que se trataba esto de devolver la cortesía pero asumí que era “Si te molesta pegale”. Cuando en la siguiente cena en la casa de dicha familia volví orgulloso a la sala a mostrar a mi padre cerca de medio kilo de pelo recién extraído de la cabeza de mí, por entonces, enemiga íntima creo que detrás de la cara de vergüenza que puso había un dejo de orgullo.

Siempre odié ir de visitas o recibirlas en mi casa mientras era niño, no me sentía cómodo con todo el protocolo formal de aparentar lo que no se es para poder encajar en paradigmas sociales que son cosas de otro planeta cuando uno es un chaval. Por eso siempre prometí que de tener un hijo nunca lo sometería a este tipo de experiencias. Hoy tengo uno y sigo manteniéndola, no vamos de visita a la casa de nadie, no juega con niños con los que no quiere jugar y sus cachetes siguen blancos y relucientes. Espero que cuando sea grande me lo agradezca.

Publicado en  on at 3:37 pm Dejar un comentario
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No bebas el agua

Cuando Junno llegó a divisar lo que Fillen estaba haciendo ya era demasiado tarde.

La imagen de su amigo arrodillado a orillas del río no desaparecía de sus ojos mientras corría desesperadamente hacia él. Para ser un guerrero corpulento como lo era corría bastante rápido, sus largas piernas le ayudaban a dar zancadas longas y potentes. Esa fuerza y potencia eran lo que lo había mantenido con vida hasta ahora tras larguísimas y extenuantes batallas, siempre había utilizado su fortaleza para quitar vidas, ahora rogaba a los dioses que la misma lo ayude a salvar una.

Fillen, de rodillas a la orilla del río, lo único que sintió fue un tremendo golpe desde atrás, un golpe sordo y seco pero tan fuerte que casi le saca el hombro izquierdo de lugar, al caer al piso sintió un tremendo dolor en el, recordándole de manera instantánea la noche en que en un descuido, durante una de las tantas batalla libradas defendiendo su Tierra, una espada lo atravesó limpiamente casi al punto de arrancárselo. Fue esa la noche donde perdió a Allenne, es curioso como el dolor físico muchas veces llama a gritos a los peores recuerdos.

El golpe que recibió estuvo acompañado de un grito, un grito desesperado pero a su vez conocido, el grito de su amigo, de su compañero de batallas, sin embargo igualmente y de manera instintiva al incorporarse de un salto su primer movimiento fue desenfundar su espada, esa espada que todavía mostraba orgullosa rastros de sangre, como fiel reflejo de su fin.
Segundos después, al entrar en razón luego del golpe vio que la estaba sosteniendo a cinco centímetros del cuello de Junno y la imagen que tenia ante sus ojos le dejó tan asustado como consternado.

Junno, el General del Ejercito de la Legión, estaba parado, jadeante y con el rostro triste y los ojos llenos de lágrimas, nunca había visto llorar al gran guerrero. No sabía si él simplemente no lo hacía o si lo hacía a solas, en alguna llanura, luego de algún recuento de muertos tras la batalla. Sostenía la empuñadura de su espada con la mano derecha y la izquierda la tenía abierta a la altura de la cintura, se podía ver en su rostro sucio y sudoroso que algunas palabras saldrían de su boca, pero que no encontraban la forma y los medios de hacerlo.

Fillen bajó la espada y Junno se acercó lentamente.

- ¿Que has hecho hermano mío?
- ¿Que fue todo esto Junno? ¿Porque me golpeaste de esa manera?
- ¿No lo sabes, no? – El gran guerrero encontraba problemas para mantener la compostura.
- ¿Porque lloras hermano? ¡¿Qué pasa?! – Consultó ya con preocupación sosteniéndolo por los hombros.

Junno desenfundó su espada en un solo movimiento, esa espada que pesaba lo mismo que un niño de ocho años fue arrancada de su vaina en un santiamén, ver esa escena preocupo mucho a Fillen. Una espada de ese tamaño no se levanta fácilmente. Dio dos pasos a su costado y de un movimiento limpio y casi sin mirar la blandió de modo a que esta arranque un montón de ramas y hojas que cubrían los restos de lo que parecía en algún momento fue un pequeño monolito de piedra.

Fillen contempló extrañado aquella piedra tallada, como intentando comprender como no lo había visto siendo su presencia, aunque oculta por la flora, tan evidente.

- ¿Que es eso Junno? ¿Que dice en esas piedras? – Reclamó en tono desesperado, un monolito siempre entregaba alguna indicación para los navegantes y extraños a las tierras, el lo sabía.
- No bebas el agua.

Una sensación de terror recorrió cada uno de los nervios de Fillen, sumiéndolo en el más profundo de los miedos. Un miedo que no sentía desde aquella noche, la noche en que había perdido a su amada y donde casi pierde el brazo derecho. Un miedo tan básico que le revolvió el estómago.

- ¿Que? ¿Que no beba el agua? ¡Explícate amigo! ¿Que ocurre? ¡¿Que hice?!

El miedo se volvió desesperación.

Junno apenas podía pensar correctamente, le costó una enormidad encontrar las palabras justas para decir lo que tenía que decir. Debía mantener la calma para poder hablar pero el torrente de emociones que inundaban su mente en este momento hacía esa tarea algo casi imposible.

- Acércate hermano. – Le extendió la mano derecha.

Fillen tomó su mano y fueron hasta la piedra con los escritos.

- Esto está escrito en Dragar antiguo. Es una advertencia.
- ¿Que está escrito ahí? ¿Que advertencia? ¿Por qué?
- “No bebas el agua, pues ella está maldita.
Hay Sangre en el agua, déjala que corra.
Quien de estas aguas beba, morirá.” Dijo.

En el momento en que Junno termino de traducir la advertencia se alejó lentamente hacia los árboles más cercanos, recostó la espalda por uno y se dejo caer, sosteniendo su cabeza entre sus manos. Fillen pasó los dedos por los caracteres sobre relieve que conformaban el monolito, como buscando alguna señal, tratando de comprender como siendo el un experimentado guerrero y sabiendo a los peligros que se está expuesto en el bosque no vio las señales de que debía prestar atención. Se sentía decepcionado de si mismo.

- Hermano, ¿me voy a morir?- la consulta de Fillen tenía un halo de súplica.
- Si. – No había necesidad para más palabras.
- ¿Dolerá?
- No, te dará mucho sueño y te dormirás pero ya no despertaras en esta tierra.

Fillen se sentó al lado de Junno y éste, sin más preámbulos, comenzó a relatarle la historia que su abuelo Manthor le había relatado muchas veces de pequeño sobre el río que corría ante sus ojos. Siglos atrás, cuando esa tierra ahora oscura y pantanosa estaba poblada por los Minthirs, éstos fueron atacados cobardemente por las fuerzas bárbaras de Los Sin Alma, seres oscuros que anteriormente fueron hombres de bien pero que habían caído presos de la avaricia, de los deseos de grandeza que desafiaban a los dioses y éstos, en señal de desapruebo y como castigo los despojaron de los más precioso que tiene el hombre, sus almas, convirtiéndolos en seres errantes que no encontrarían nunca un lugar en el siguiente plano de existencia que estaba reservado a los guerreros defensores de los pueblos y a quienes tuvieron una vida plena y buena. Éstos saquearon todas las villas del pueblo, matando a mujeres, niños, animales y dejando a su paso solamente destrucción, dolor y el inconfundible aroma de la muerte. Luego capturaron a todos los guerreros minthir y los bajaron al río cortándoles la cabeza a todos y cada uno de ellos y dejando que el río lleve sus cuerpos hasta su desembocadura. En su pasaje al mundo de las almas, el gran mago minthir, que también había caído preso de los salvajes, maldijo el río de modo a que todos los que de él beban mueran, esto fue hecho con la intención de eliminar a Los Sin Alma de esas tierras sagradas. Luego de lograr su objetivo el gran mago hizo crecer de las piedras la advertencia, de modo a que los viajeros no beban de ella y que no caigan en desgracia.

Los cuerpos de Los Sin Alma muertos por toda la tierra minthir luego de beber el agua contaminaron la misma, convirtiéndola en el pantano que era ahora, por eso el monolito estaba totalmente cubierto, lo que hizo que Fillen no lo viera en un primer momento.

Ahí mismo Fillen comprendió que había cometido un error, que no había sido lo suficientemente cuidadoso, un guerrero debería de estar siempre alerta, y ahora que lo miraba esa tierra era bastante sospechosa. Tarde.

Junno estaba destrozado, en cuestión de horas su amigo ya estaría en camino al mundo de las almas, donde un sitial de privilegio le aguardada, como a todos los guerreros. Eso lo hizo reconfortar algo, su amigo estaría en un lugar mucho mejor, donde el sol alumbra siempre y donde su hermano tendría reservado para sí un campo verde, donde los frutos no dejan de crecer nunca y donde se reuniría con los grandes amigos que ya no estaban con ellos. Sonrió.
Al mirar a su amigo vio que este estaba sonriendo también, al consultarle el motivo este no vaciló en responder

- Hermano, ante lo inevitable de mi muerte no debería de ponerme triste. Y tú tampoco hermano querido. Yo iré a un lugar mejor y eso tu lo sabes bien, además- su rostro se iluminó mágicamente- hay alguien allí que me está esperando. Mi bella Allenne. He soportado el dolor de su partida desde hace cinco años, ahora debo acudir al llamado de los dioses que clama nuestro reencuentro. Ven hermano, cambia esa cara y conversemos hasta que me quede dormido.

A medida que el sol se iba ocultando conversaron sobre su infancia, sus travesuras, sus amores primeros, el entrenamiento a guerreros donde constantemente median fuerzas, la única vez en que Fillen le pudo batir a Junno en un duelo de espadas, las grandes batallas, sobre lo mucho que habían vivido y lo plena que había sido su vida. Recordaron con orgullo las luchas contra las fuerzas oscuras, siempre presentes, que intentan corromper a los débiles para sembrar el mal entre los hombres. La justicia tenía una definición bastante clara para ellos, era el bien contra el mal, lo correcto contra lo inmoral y destructivo. La paz contra el caos. Dar la vida por una causa así era todo un orgullo para ellos, guerreros del bien.

Luego de muchas risas y algunas lagrimas Junno se sintió repentinamente si palabras, contempló al reflejo de la luna saliente en el río durante un par de minutos, pensando en el significado de muchas cosas. Cuando volvió la mirada su hermano yacía recostado por el árbol que los escucho hablar durante esas ultimas horas con la cabeza gacha. Dormía en paz.

Improvisó unas ramas y algunas hojas grandes para hacer una pequeña balsa donde depositó el cuerpo de Fillen a quien había limpiado el rostro, su entrada al mundo de las almas para su reencuentro con su amada debería de ser lo más pulcro posible, fue un gran guerrero. Como la tradición guerrera lo demanda el cadáver empuñaba su espada a la altura del pecho. Sin más empujó la balsa dejando que la corriente del río tome las riendas de la pequeña tumba flotante y miró como su amigo se perdía en el horizonte. Apoyó la rodilla derecha en el piso sosteniéndose con su espada clavada en el piso húmedo y dijo una oración por su amigo. Se levantó, enfundó la espada y avanzó.

El guerrero debe avanzar, el guerrero no se detiene.

Publicado en  on Lun 28 Jul 2008 at 6:50 pm Dejar un comentario
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