El regalo

Ignacio se levantó sigilosamente de la cama, tomó a René entre sus manos y, luego de calzarse los pies en unas pantuflas con orejas y trompas de elefante, salió silenciosamente de su habitación. Sus padres todavía no se había levantado, aún faltaba tiempo para ir a la escuela, pero tenía que hablar con Matías, necesitaba saber que podía contar con él.

Cruzó el pasillo que separaba sus habitaciones, arrastrando los pies con cuidado. Papá y mamá no podían enterarse de sus planes. Entrar a la pieza de su hermano mayor no fue ningún problema. Matías, adolescente de 17 años, tenía la costumbre de dormir con la puerta abierta, los recuerdos de las noches de cuco eran más poderosos que la rebeldía adolescente.

Ignacio acercó hasta el borde de la cama, abrazó a René con el brazo izquierdo y con el derecho sacudió ligeramente la cabeza de su hermano.

- Mati despertate – dijo, despacio pero impostando la voz.

- …

- ¡Mati! ¡Mati! ¡Despertate! Te necesito – insistió.

Tanta palabra al oído y sacudida, al final surtieron efecto. Matías se despertó, vio a su hermanito parado al lado de suyo con los brazos extendidos hacia él, como ofreciéndole algo, y con esa carita de inocencia que lo caracterizaba desde que era un bebé.

- Nachito… ¿Qué haces, loco? – dijo sonriente. Adoraba a su hermano pequeño.

- Mati, me tenes que ayudar, necesito que mates a René – Ignacio extendió completamente los brazos hacia su hermano mayor.

- ¿Qué? ¿Matar a René? ¿Y por qué? ¿Te hizo algo?

-  No Mati, es un chanchito del ahorro, no me puede hacer nada. ¡Necesito la plata que tiene adentro! – Exclamó casi sin paciencia.

Matías se echó a reír con todas sus fuerzas, pero las manitos de Ignacio evitaron que el escándalo sea mayor.

- ¿Y por qué no sacas vos la platita que tiene adentro? Ya tenes 7 años, sos grande. Agarras un martillo, le das unos golpes y le sacas la platita de adentro. Hacelo en el pasto del patio de atrás, ahí nadie te va a escuchar.

-  René es mi amigo Mati… Vos sabes que está conmigo desde hace mucho, cuando papá me lo trajo del banco. Le di de comer mi mesada todo este año y ahora necesito la platita que tiene en su panza, pero no puedo romperlo yo. Lo tenes que hacer vos, sos mi hermano mayor.

Matías prometió ayudar a su hermanito a cambio de que le cuente a qué venía tanta prisa para disponer de sus ahorros.

- Es que mañana es el cumpleaños de una compañera, se llama Belén, y le quiero hacer un lindo regalo. Mati, vos también tenes que ayudarme a elegir el regalo. Vos sos grande y tenes novia, vos sabes qué se les regala a las mujeres. Yo a Augusto le compré un muñeco, porque a todos los varones nos gustan los muñecos, pero a ella no se que comprarle.

-   Ah, ahora entiendo. Tanto escándalo es por una chica. Era de esperarse. A ver, contame. ¿Qué la hace tan especial que se merezca que rompamos a René?

- Es la única nena con la que hablo en los recreos. Una vez encontramos una paloma muerta y no se asustó. Ella trae cosas dulces en su merendero y siempre me invita. A veces siento que me está mirando mucho tiempo, pero seguro es por la cicatriz de mi frente de cuando me caí de la bici. Una vez a la salida del cole su mamá tardó en buscarle y me quedé con ella para que deje de llorar. Ella es buena conmigo y creo que se merece un regalo.

Matías sólo sonreía mientras escuchaba hablar a su hermanito.

- Esta compañerita Belén te debe de gustar mucho.

-  ¿Gustarme?

- Nada enano, ya me vas a entender dentro de poco.

- ¿Y? ¿Me vas a ayudar o no?

- Claro, dame a René. Esperame en tu habitación, ya vuelvo.

Cuando volvió traía en las manos unos billetes y unas cuantas monedas. Se las entregó en las manos a Ignacio y le dijo que a la siesta, al volver del cole, irían juntos a comprar algo para Belén.

- Gracias Mati, sos mi hermano preferido – Ignacio no podía dejar de pensar en un despedazado René.

- Soy tu único hermano enano manipulador, choca los cinco y anda a dormir antes de que mamá se despierte. Ah, una cosa más enano, sea lo que sea que compremos de regalo para Belén, agrégale una flor, estamos en primavera, hay flores por todos lados, y a las chicas les encantan las flores.

- ¿Una flor?

- Sí Nacho. A la tarde, cuando Doña Mercedes vaya a la iglesia, cruza el patio y arranca una rosa roja de su rosal del fondo. Cuidado con las espinas del tallo. Entrégale a Belén el regalito más la rosa y vas a quedar como un rey.

- Ok Mati, si vos decís… Hasta más tarde.

A la tarde los hermanos fueron a comprar el regalo para Belén y Matías, desde la ventana, controló a su hermano menor arrancando torpemente una rosa del jardín de Doña Mercedes. Al día siguiente, a la salida del colegio, Ignacio recibiría su primer beso, uno que nunca olvidaría, mientras René descansaba tranquilamente dentro de una caja de zapatos en el ropero de Matías.

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Publicado en on Dom 29 nov 2009 at 10:05 pm  Comentarios (3)  
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3 comentariosDeja un comentario

  1. ¡Me encantó Guille! ¿Hay manera de suscribirse a tu blog por correo electrónico?

  2. Muy bueno :D me encantó *-*

  3. Este es uno de esos cuentos que siempre te dejan con ganas de más.

    Felicitaciones, Guille.


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