La Noche de San Juan

El pueblo entero se encontraba reunido allí. El escenario era perfecto, la majestuosa quinta del Coronel Peña, con su enorme caserón colonial dominando el centro del terreno, era locación obligada de todos los años para el desarrollo de las festividades de San Juan. En el extenso patio que la rodeaba estaban ubicadas inmensas fogatas, herencia cultural de las fogatas gallegas traídas por los colonizadores no mucho tiempo atrás, que iluminaban la negrura dándole un matiz cálido a la noche. Sendos camineros improvisados con velas hechas de grasa porcina transformaban la rojiza tierra en serpientes de fuego que llevaban a los recién llegados a las distintas estancias de la fiesta. A lo lejos se escuchaba el griterío de los más pequeños huyendo de la ardiente pelota tatá que amenazaba con maltratar los volados de sus camisas. No faltaban así mismo los valientes jovenzuelos que – quizás empujados por ese extraño ritual de cortejo – desafiaban a la naturaleza misma caminando a pie descalzo sobre las brasas vivas del tatá ári jehasa. Un solitario yvyra syî adornado con telas de colores en su extremo superior aguardaba impaciente a quien quisiera aventurarse a rescatar sus joyas.

Malena se encontraba dentro del salón central de la casa. Parejas de todas las edades se movían al ritmo del London Carapé. Las damas moviendo sinuosamente sus miriñaques mientras los caballeros las miraban y seguían en el juego del cortejo bailable. Ella no bailaba, tampoco esperaba a que la inviten a bailar, solo se limitaba a mirar la sincronía en los pasos y disfrutar de la orquesta. Se acercó a otro grupo de mujeres jóvenes que estaban charlando sobre las pruebas de San Juan. Tradicionalmente se consideraba a la noche del solsticio de invierno como una ventana abierta para que los deseos se cumplan, para ello la tradición se había ocupado de crear una cantidad de rituales para conseguir pareja, el éxito o la salud. Las mujercitas, buscando pareja, ya tenían planeado hasta el detalle los materiales necesarios, velas, nombres del candidato escritos en papel y tinta, hojas de yerba y hasta algún que otro gato negro maullaba encerrado esperando su turno en esta noche.

- ¿Y vos Malena, vas a hacer las pruebas de San Juan hoy? preguntó curiosa una de las chicas.

- ¿Yo? No necesito eso para conseguir novio, no quiero luego – respondió con un falso aire de superioridad.

- Nosotras vamos a hacer la prueba de la tinta. Es fácil, tenés que derramar un poco de tinta china en un papel y lo doblás, lo ponés debajo de tu almohada y al despertar revisas, va a aparecer una letra, esa es la inicial del que va a ser tu amor.

- Pero están todas locas ustedes! No voy a hacer eso! Yo voy a cenar, voy a escuchar a la orquesta y voy a ver como los varones se queman los pies.

Recién salido de la carcasa armada con ramas y cuero de vaca del toro candil Esteban compartía risas con sus amigos ante la fogata que los resguardaba del viento otoñal. Eludió el compromiso de poner la lengua en peligro con la paila jeheréi pero ante la insistencia de los más pequeños tuvo que oficiar de chofer de la representación del toro con la cornamenta en llamas. Ya era cerca de la medianoche y estaba exhausto ya que estuvo ayudando al cura párroco en la organización de las festividades. A la medianoche se debería de encender el Judas Kái, que estaba representado como colonizador español, por lo que Esteban procedió a ir preparar al muñeco de trapo relleno de petardos traídos de la capital. Se ocupó de revisar que las costuras estén fuertes y que la mecha sea lo suficientemente larga como para dar tiempo suficiente para encontrar resguardo al valiente que la encendiera. De repente se sintió absorbido por las sombras bamboleantes en el suelo, producto de las fogatas, el viento fresco que acariciaba su rostro, la música y el correteo de los niños. Sin darse cuenta se quedó pensativo el tiempo suficiente como para que se hiciera tarde.

- Esteban! Vení ya! Traé el muñeco que hay que encenderlo a las doce en punto! – Gritó desde la lejanía el Pa’í Ramón, el párroco de la ciudad sacándolo de su ensimismamiento.

Esteban tomó al muñeco y lo puso sobre un hombro, como si cargara a un herido de guerra y procedió a bordear la casona para llegar al enorme mango que serviría de poste para colgar al Judas Kái. Lo colgó y dio las instrucciones pertinentes al encargado de encender la mecha. El Pa’í Ramón, a grito desaforado convocó a la multitud para el espectáculo principal de la noche. La explosión de los petardos del interior anunciaría la llegada de la medianoche, la hora mágica para todos los rituales de San Juan.

- Bueno chicas, espero que tengan suerte en su búsqueda de un muchacho lo suficientemente tonto como para caer en sus brazos, yo me voy a ver como explotan a ese muñeco, ya están por ser las doce de la noche. – exclamó Malena mientras rodeaba trotando la enorme mansión sosteniendo el ruedo de su enorme vestido con las manos.

Luego de una cuenta regresiva de diez segundos el peón encendió la mecha con una antorcha y corrió a buscar resguardo en la multitud. Esteban observaba detrás del gentío. Cuando el correteo chispeante de la mecha se introdujo en las entrañas del muñeco y encendió el primer petardo se dio una reacción en cadena de explosiones y pitidos que destrozaron el muñeco a la mitad. Las piernas cayeron al suelo encendidas en llamas y cargadas de petardos que, debido al ángulo, empezaron a salir disparados hacia la gente que, al igual que los petardos, salió en todas direcciones gritando. El espectáculo era a la vez simpático y terrorífico. Esteban se apuró a correr hacia la gente para ayudar y Malena se dispuso a correr hacia la casa a buscar resguardo.

Corriendo en sentido contrario y en medio del caos de gritos y explosiones el choque fue inevitable. Esteban la vio venir pero Malena tenía la cabeza girada hacia atrás, no hubo nada que pueda hacer para evitar el golpe. Ella se estrelló contra el pecho de él que, en un acto instintivo, la abrazo para evitar que caiga al suelo. Sus miradas se encontraron acompañadas por los petardos y el griterío que, luego de pocos segundos, comenzaron a mermar. El siguió abrazándola sin decir palabra alguna, solamente mirándola a los ojos.

Cuenta la tradición que uno de los rituales de San Juan más efectivos es abrazar a alguien durante la medianoche. Los nietos y bisnietos de Esteban y Malena pueden dar fe. Doy fe.

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Publicado en on Jue 24 jun 2010 at 4:48 pm  Comentarios (4)  
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4 comentariosDeja un comentario

  1. nderasore nderromanticoité!!

    jajaj buenísimo!!

  2. de la SAN PUTA dice que sí!

  3. Excelente, sublime, hermoso!

  4. Me encantó el final :)


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